Yolanda's profile"Dabnaesencia"PhotosBlogLists Tools Help

Blog


    Y dále con volver...

     

         En los últimos tres meses, por motivos de trabajo, un trabajo que ya se termina, he pasado mucho tiempo lejos y también conmigo misma. Ya me decía el duende que eso era muy interesante, pero me jode darle la razón, que luego se me sube a las barbas.

     

    Y cuando pasas mucho tiempo contigo misma piensas. Y cuando piensas aprendes. Y cuando aprendes intentas solventar los fallos. Y cuando intentas solventar los fallos corres el riesgo de volverte a equivocar. Y cuando corres el riesgo de volverte a equivocar te preguntas si aquella decisión que un día tomaste volverías a tomarla o rectificarías. Y…

    Muchos y, efectivamente.

    Pero, tal vez porque estoy más abierta a mí misma me ha gustado este diálogo de besugos entre yo y yo. Será porque como dice Vidal “la única manera de triunfar es ser uno mismo y mantener una sana insatisfacción de base no exenta de rebeldía con causa, y aderezada con la duda reflexiva constante”.

    Hoy puedo decir, sin miedo a equivocarme, que he encontrado cosas mías que me gustan realmente y de las que he renegado mucho tiempo. Y también puedo decir que algunas de las que renegué fieramente han vuelto a ser mis más firmes valores, porque una es lo que es y no puede cambiar eso por más que le joda. Siquiera por más que se ame. Deberíais leer, por cierto, los post de Vidal, tiene la fea costumbre de tener razón en todo lo que escribe y encima explicarlo con razones convincentes.

    Ya dice él que hay que pensar en los daños colaterales, cuando decides salir del rebaño…

    En estos meses me he parado a pensar y he descubierto que, tal vez, aquel hombre al que dejé en el altar soltero, aunque un actor nos hiciera de Juez de paz improvisado para aprovechar los langostinos y el traje de princesa, muy muy probablemente sea el hombre de mi vida, aunque no me haya planteado aún si volverá a ella o no (y si él me aceptaría en la suya). Tal vez era yo la que no cumplía mis propios requisitos básicos.

    En estos meses me he parado a pensar y he descubierto que, tal vez, aquellos amigos  que parecían inamovibles y eternos no eran ni lo uno ni lo otro, aunque una nube me hiciera ver estrellas donde había nubes. Tal vez era yo la que no estaba valorando lo que realmente vale la pena.

    En estos meses me he parado a pensar y he descubierto que, SEGURO, algunas personas que consideré importantes, por uno u otro motivo, lo eran por más motivos de los que había pensado. Tal vez es que no me podía creer tanta suerte junta.

    Para lo bueno y para lo malo, vuelvo a casa, una vez más. Y espero que, esta vez, sea para quedarme. Vuelvo a mi rebaño pero no me he quitado el cascabel de rebelde y dudosa y jodida inconformista, porque entonces no sería yo.

     

    Pues eso...  

    Quiero pedir perdón si, en alguno de los que venís por aquí, influyó mi etapa de apática, quejica y redomada mártir de las siete penas. Una vez más reorganizo mi vida pero, sin lugar a dudas, será como nunca debió dejar de ser: con dos cojones (y mi consecuente ordinariez, lo sé)

    Se os quiere. Vosotros sabréis por qué, Auténticos.

     

    Yolanda.

     

    20 años después...

     

    Querido bretón Gasol:  

     

    Hoy ha sido mi cumpleaños. 60 veranos y, por lo tanto, 60 inviernos con sus nubes y sus claros. No está mal haber llegado, sana y salva, ambas cosas relativamente, a 2028…

     

    Si hay algo que me alegra reconocer es que he llegado como soñé que llegaría, aunque, claro, no ha podido ser contigo a mi lado ni tampoco tajantemente al hilo de mis sueños. Pero la perfección no existe y de existir nunca hubiese deseado tenerla cerca porque, si algo te enseña el tiempo es que los buenos momentos no suelen dejar enseñanza alguna, sólo son la medicina perfecta para acabar soportando con mejor cara los momentos malos, que, sin duda, son, más que necesarios, obligatorios.

     

    No he olvidado que tú, probablemente, fuiste mi mejor compañía hace más de dos décadas, y digo esto con toda la seguridad de no equivocarme.  Recuerdo cómo levantabas tus orejas cada vez que te decía “hay que joderse, cariño, qué listo eres” aunque, probablemente, tú me oías decir “ven aquí, conmigo, que te voy a rascar la barriga”. Lo que importa es que, al final, la sensación era la misma: tú te ganabas unas caricias y yo me sentía comprendida.

     

    Por aquel entonces, ya tenía algunas cosas claras y tú, siempre, fuiste el primero en conocerlas, algunas incluso antes que yo misma, cosa que, por supuesto, no me echaste en cara ni te hizo mirarme por encima del hombro ni tampoco sentirte remotamente superior. Tu inteligencia y humanidad jamás te permitieron semejante derroche de estupidez.

     

    Como realmente convivimos con personas a diario, no es fácil salir de la dinámica de ese trato, por si te sirve de mea culpa a título póstumo… La gente nunca ha entendido del todo lo que es la soledad elegida, siempre hemos preferido pensar que había algo más: un enfado, un problema, mala salud, llamar la atención y montones de estupideces más y nunca más lejos de la real realidad, que es la necesidad de regalarse un momento, más o menos largo, para lo que sea menester en cada caso. Tampoco hemos acabado de entender el respeto que se necesita por la tristeza a la que te lleva la muerte de un ser querido o una injusticia o una mala tarde, el silencio que requiere una película interesante, ya sea en el salón o en la sala de cine, y tantos otros pequeños momentos que, con la edad, se me van olvidando, por aquello de que lo perfecto no existe, ya sabes…

     

    Los seres humanos somos complicados (y no, no están incluidos los animales, que gozan de gran sensatez para organizar sus vidas y tienen firmes y convincentes ideas en la mayoría de los casos) aunque creo que, pasados los años que mataron mis más férreas confianzas en la gente incluyéndome a mí misma, ya estoy en disposición de decir que, por encima de ninguna otra cosa, somos prepotentes, egocéntricos y, definitivamente, egoístas. Unos más que otros, obviamente, pero es algo desagradablemente innato en los hombres y mujeres, pese a que yo tardase en descubrirlo más que el resto de las personas que conocí. Siempre fui algo lenta para casi todo. Hasta el momento en que decidí elegirme a mí misma.

     

    Lo de innato no es así en los animales, tú me lo enseñaste al poco de conocerte.

     

    Los días que tocaba melancolía nos tirábamos al sofá con una bolsa de panchitos pelados y compartidos. Los días que tocaba sonreír no tardabas un suspiro en traer tu cuerda blanca y verde. Los días que tocaban vacaciones siempre encontramos un lugar que nos diera lo que necesitábamos cada uno de nosotros. Los días en los que, extrañamente, nevaba en Madrid siempre tuvimos el chaleco escocés a medias. Los días, en definitiva, contigo siempre parecieron días tal cual eran.

     

     

     

    Siempre me miraste con los mismos ojos de devoción. Cuando te metí en la residencia durante tres largos años. Cuando te llevé conmigo a Ávila o a Valencia y cuando te dejé para ir a Escocia, Bilbao o Cádiz. Cuando permití que engordaras al mismo ritmo que yo y cuando te obligué a adelgazar al mismo ritmo que yo. Cuando te regañé por mearte en la esquina del salón y cuando te felicité por no mear más que donde hubiese tierra.

    Siempre me acompañaste con el mismo amor y siempre me reconociste con el mismo olfato. Siempre me viste como a la misma persona y siempre respetaste todos mis momentos. Y siempre, por ende, pensaron todos que era una estúpida loca por creer que un animal podía estar por encima del hombre. Si algo he conseguido con el paso de los años es afianzar, aún más, esa tajante seguridad.

     

    Puede que, por ello, haya cumplido mis 60 años junto a 13 perros adoptados, que afortunadamente ahora tienen dueño (la persona que lo paseaba antes de abandonarlo no pasa de ser una mascota de la vida pero sin sentimientos ni valor humano para tener un animal).

     

    He cumplido 60 años junto a mis dos novelas: una dedicada a Don Enrique y otra dedicada a contar la vida de una Princesa de las de verdad. Ninguna de las dos fue jamás un Best séller con millones de ventas ni tampoco ganó El Planeta o El Nadal, afortunadamente. No me hubiese gustado cambiar mi amor por la Literatura por un trabajo prolífico, famoso y, en algunos casos, de dudoso sentimiento literario. Puede que haya veinte o treinta ejemplares por ahí, pero la mayoría está en manos de quien siempre me leyó como era: una princesa sin reino.

     

    He cumplido 60 años en una casa de campo, en las afueras de Madrid. Recuerdo que allá por mis cuarenta años dudaba de dónde quería instalarme, de cual sería el mejor sitio para parar el cuentakilómetros del coche, de donde quería, realmente, ser, aunque siguiera siendo de todas partes. Y, aunque creo que las casualidades no existen pero que esto bien podría ser una casualidad, siendo de Madrid decidí que aquel era mi sitio para quedarme, al menos la mayoría del tiempo.

     

    Hubo un momento, hace muchos años ya, que sentí, de repente, que Madrid parecía ser la única provincia española en la que la gente no llevaba su “nacionalidad” pintada en la cara, la palabra y el futuro. Descubrí que era el único sitio, pobre ignorante, de España en el que había salida a todas y cada uno del resto de los lugares del mundo. Descubrí que me sentía identificada con su anonimato, su grandeza, su pequeñez, su faceta cosmopolita, su libertad, su generalidad,  sus verbos, su acento, su entonación, su corrección, su todo, después de toda la vida renegando de ello… porque no hay nada como viajar para saber que cada lugar tiene algo maravilloso y algo que no lo es, pero que uno de esos lugares es tu sitio porque allí es donde acabas encontrando lo que necesitas.

     

    Acabo de cumplir 60 años y sigo siendo yo. Tal cual tú me conociste pero con algún sueño cumplido. He aprendido que la soledad elegida es lo mejor que te puede pasar en la vida, que siempre hay un sol después de la noche, que aún me quedan cosas que ofrecer y que me alegro de haberte conocido, Gasol. Creo que eres el único ser humano del género masculino del que he estado enamorada de verdad.

     

    Lametazos...  Yolanda

     

     

    PD. Mi preciosidad, hoy, sigue existiendo, afortunadamente, pero ni David Coperfield conseguiría que siguiera conmigo 20 años más.

    PD. Pondría una foto con mi maravilloso perro si este chisme me dejara. Pero no, no me deja  .

     

    Queridos Reyes Magos...

     
             
           

     

     

    Es complicado escribir destino Oriente cuando una no sabe si el mundo y las fuerzas que lo rigen son entendibles. Entre guerra y paz, obviamente paz. Pues hagamos guerra. Entre venganza y aprendizaje, taxativamente aprendizaje. Pues haya venganza. Entre israelíes y palestinos, como si fuera un partido de Navidad, como si el Holocausto hubiese encontrado, por fin, su recompensa: 500 a 1, que diría mi amigo Rafa.

     

    Pero… sí, hay que seguir adelante, como si no pasara nada porque la franja de Gaza nos pilla bien lejos. Yo, por si acaso los milagros navideños existen, o la sensatez es una cualidad realmente inventada para que la vistan los humanos en toda temporada, os pido un alto el fuego, unas pistolas que no tengan balas, un futuro para todos aquellos niños palestinos que huyen de sus casas buscando un refugio que no existe, porque nadie puede refugiarse del odio humano, aún menos cuando eres tan pequeño, que siquiera eres capaz de entender qué odian.

     

    (...Por si se me olvida más tarde, quiero que me respetéis, como mía,  esa ¿magia innata?, que me hace destacar, porque no soporto las corbatas negras en los hombres. Para las mujeres son muy adecuadas)....

     

    Si, además, me permitís mantener una mínima dosis de paciencia, otra pequeña de fuerza de voluntad, poquísimo de desconcierto, algo de sentido del humor y una pizca de acierto, no vuelvo a pedir más barriguitas negras en mi vida. Prometido.

     

                               PD. Para mi madre podéis dejarle una canción escrita por Pablo Milanés, que se llama Yolanda. Por si necesita una mano.

                              PD1. Para mis hermanos intentad dejar una cercanía, sin hacer del todo, con la receta es suficiente.

                            PD2. Para mis amigos más cercanos espero que podáis dejarles un Gracias con cava, por haberme soportado en uno de los peores años que me recuerdo a mí misma.

                         PD3. Para todos los niños del mundo podéis reinventar la verdadera niñez, porque es un término dudoso en estos días y, si sois magos, no estaría de más que la niñez también lo fuera.

                       PD4. Para el resto de la humanidad… Bueno, quiero decir que al resto siempre nos podéis dejar un saco de Humanidad junto al de carbón. Cómo repartir su consumo será un buen ejercicio para todos. 

     

                    Yolanda.