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Es caprichoso el azar...Hay días que el agujero es oscuro, blanco y negro...
y por azar, a veces, pasa a ser... de colores...
FUE SIN QUERER... ES CAPRICHOSO EL AZAR... YO NO OS BUSQUE NI ME VINISTEIS A BUSCAR...
Por C A M B I A R mi color.
Feliz fin de semana. Besos. Dana Mi fea, eres una castaña despeinada....Desde ahora te anuncio mi ultimátum: ALMUDENA GUZMAN " Qué opinas...?" ...
¿Sabes...? Mi drama contigo es que trasciendes mi experiencia. Radicalmente. Así, por ejemplo, en esta ocasión te leo, vuelvo la mirada hacia atrás y no encuentro ninguna ocasión en mi vida en la que haya tenido que partir absolutamente de cero. En la que por razones vitales de trabajo, o de amor o de supervivencia no haya podido seguir por el camino que venia recorriendo hasta ese momento y haya tenido que emprender otro completamente distinto. Yo sigo viviendo en la pequeña ciudad en la que nací, aún mantengo vivo el amor que encontré a los 17 años, continuo el proyecto de vida que diseñé a los 22, permanezco en la empresa en la que entré a los 24... No sé si tal cosa es una suerte o una desgracia, de verdad que no lo sé. A veces pienso que eso me ha empobrecido de una manera muy sutil, aunque no sea mas que en falta de experiencia o en facultades para afrentar la adversidad, o siquiera en privarme del disfrute asociado a la experimentación de cosas nuevas. Sin creer firmemente que mi talento literario es ínfimo y mis posibilidades de escribir doscientos folios con un mínimo sentido y una gran dosis de realidad (porque cualquier mentira es pura casualidad) son escasas, no creo que yo estuviese aquí, escribiendo... Porque nunca pretendí conseguir el Planeta, si acaso una larga carta de amor, incluso de desamor, que es el amor que más dura... Por supuesto, quiero expresar mi eterno agradecimiento a Quito, mi muñeco negro con un corazón azul en la mejilla derecha por haber soportado la luz de la habitación cada noche, hasta las tres de la mañana y no abrir la boca ni cerrar los ojos. A mi vecina Coral, que vive en el tercero A, por haber puesto la lavadora, cada día sin descanso durante tres meses, a las dos ó dos y media y conseguir que no me durmiera sin acabar el capítulo correspondiente. A Gasol al que le he robado demasiados sábados por la tarde en los que he cambiado mi visita a su residencia por pasar a limpio todos los garabatos que se me ocurrían en el trayecto de metro y bus diario y por su obediencia y su comprensión durante la semana que pasamos de vacaciones, en la que sólo me pidió caricias y comida de cuando en vez. A Carlos Bogart (te la debía, Amigo) por intentar entender, sufrir y sentir conmigo, por su exquisita expresión y por sus besos: sanos, fuertes, dulces, largos, según lo requería mi ocasión personal. Incluso cuando no es mi cumpleaños, que es cuando más se agradecen las felicitaciones. A Elena, mi niña negra, que, esté donde esté que no es más que en mi memoria, le debo diez años de compañía incondicional allá por nuestra niñez y adolescencia y un bocadillo de nocilla dos sabores. A Helena, mi madre negra mozambiqueña un beso con la boca y las manos embadurnadas de guiso portugués. A mamá, por que es mamá y porque de ella es parte del mérito de que yo sea como soy y como no soy. Y, desde luego, a ti, Don Carlos, porque si no me lees tú (que has estado tan presente como ausente en estos tiempos) que es a quien va dirigido el aquí llamado folleto, imagínate donde van a acabar los tres o cuatro ejemplares que encuaderne... PRÓLOGO: Tengo treinta y siete agostos más muchos días días, hoy que es octubre de dos mil seis y las dos y cuarto de la mañana. Además tengo una deuda con Hacienda por no presentar las declaraciones del año noventa y siete y noventa y ocho, un Renault 5 con diecisiete años y la culata quemada en la Carretera de Valdilecha a Arganda, una afición al tabaco algo terca, bueno, vale, muy terca, una maravillosa Imperial negra comprada en Reino Unido y media docena de Amigos, que lucho por mantener aunque se me da jodidamente mal. Y tengo a Gasol, mi perro. Por lo demás, no esperes muchas sorpresas. No las hay. Precisamente esta tarde ha sido parte de un día de esos en los que te levantas estúpida y te acuestas licenciada en tontería universal: discusión con el jefe de obra, lengua más larga de lo que puedes medir con un escalímetro rechazo de besos y caricias de quien tanto quieres y que tanto necesitas, mal maquillaje, peor vestido y vuelta a casa en tren para no sentirte tan sola. Al menos, puedo confirmar que he llegado a un acuerdo laboral justo y que algunos de mis deseos personales y materiales se vislumbran más nítidos en el horizonte. En fin. Tampoco te engañes, ya lo hago yo solita. Precisamente este folleto trata de parecer una novela en la que la protagonista confiesa a un señor, que parece ser su padre, toda suerte de aventuras e historias por las que ha corrido su vida durante los últimos veinte o veinticinco años. Da la apariencia de que es buena gente, legal, responsable, sensible, además de boba, indecisa, generosa... pero en realidad no pasa de ser una más del montón ese que aún cree en los sueños, en los valores humanos, en mantener las convicciones así pasen los años, en la independencia personal y cosas semejantes pero sin la decisión, la inteligencia y la categoría necesaria para ello, porque en este mundo ni todo tiene lógica ni la lógica tiene un mundo aparte... Se equivoca cada vez que toma una decisión importante y cree que importante es cualquier tontería que la sucede: un beso, un trabajo, un perro, una lágrima, pero tampoco supo discernir jamás entre lo urgente y lo importante. Alguien que no cesa de maldecir su suerte pero hace nada para cambiar el designio de su futuro, un futuro que sólo puede intentar encauzar uno mismo... Una especie de diplomática, que presume de no ser diplomática, con un exquisito saber estar, (que odia tanto como el “corta y pega” emocional), cuando lo requiere la ocasión, una dosis de vulgaridad tolerable, un gusto extremo por combinar la ropa y los complementos que usa y una obsesa de no discutir, de no presionar, de no reclamar sus derechos, de no coger las riendas de su vida de una maldita vez y para siempre. Como en tantas y tantas ocasiones anteriores en las que el hilo conductor de tu vida me ha ido llevando por insospechados laberintos emocionales, tampoco esta vez soy un buen consuelo, puesto que ni siquiera sé demasiado bien que podría yo mismo hacer o decir en semejantes circunstancias. ¡Que mas me gustaría a mi que haberme visto en tales situaciones tres o cuatro veces en mi vida y darte sabios y experimentados consejos y consuelos...! Pero no puedo, o al menos no puedo sin que a mi mismo me suenen a tópicos vacíos de cualquier contenido, ese "corta y pega" emocional que tanto odio. Lo único que se me ocurre es rogarte, suplicarte que, una vez mas, invirtamos los papeles: en que seas tú la que me cuentes como se hace para ser tan valiente, de donde se sacan esas fuerzas para sobreponerse a las estúpidas adversidades de esta vida (sobre todo a las estúpidas), como retoma uno fuerzas para volver a ilusionarse por las cosas y por las gentes, como consigues seguir mostrándonos esa sonrisa un poco triste pero sincera, porque se puede mantener una ambición por la belleza en medio de un barrizal de adversidades. Lo cierto es que, cuando acabas de leerlo, ya me dirás si me equivoco, llegas a la conclusión de que no hay historia que contar ni historia contada. Ni trama ni nudo ni desenlace o como quiera que sea el orden de una novela o de una vida. Únicamente hay una niña que nunca creció quedándose en el Mainfield de Heidi, que siempre respetó las normas de educación, aunque jamás se permitió escuchar sus propios deseos, y que no conoce otra voz que la del corazón porque siempre se sintió sorda para otras muchas. Sólo una niña que pretendía contarse a sí misma su vida para poder encontrarse, aunque da la sensación de que no lo consigue del todo. Una niña que aprende, pese a negarlo públicamente como tantos otros y otras, que le aterra la soledad en toda su extensión, aunque quiera convertirla en su única compañía, porque ha descubierto que, a día de hoy, la necesita. Una cabezota sarcástica que no ha aprendido a querer o a saber demostrar que ha aprendido a querer, pero que no tira la toalla, precisamente por ser cabezota. Una engreída que se cree el ombligo del universo por tener más problemas que los demás y que, por motivos ajenos a su voluntad, al menos en parte, ha dejado de controlarlo todo dentro de su mundo y eso la desespera. Ya no controla su sueño, lo hace el insomnio. Tampoco su humor y sus estados de ánimo, de esos se encarga el desarreglo hormonal. No puede evitar llorar ni derrumbarse ni volver a recoger el pesimismo que dejó hace años en un contenedor de basura... vienen cuando ellos lo deciden. Y el problema llega cuando, de repente, descubre que sus arrestos no han seguido su estela, que su imaginación se ve codificada, que es muy pesado levantarse. Yo solo deseo fervientemente que esta ocasión sea fácil de superar, que mi querida amiga encuentre con facilidad la salida a esta situación. Y solo me alivia el que ni se me ocurre dudar del resultado, porque aunque parezcan frases hechas, ambos sabemos que no es así, y que por algún extraño azar, sí conozco tu capacidad de encaje, tu imaginación para encontrar soluciones vitales tus arrestos para seguir adelante con las decisiones que se toman. Una vez mas, por tanto, ¡Ánimo..! Sabes donde encontrarme, en un sentido bastante literal, y que cualquier cosa que pudieras necesitar, intentaré por todos los medios poder dártela a poco que esté a mi alcance. Un dulce beso Termina por creer que ser menopausica precoz es tanto como un "se acabó", "que te jodan", o algo así. Un cáncer terminal que ha acotado bruscamente su visión de futuro... ella, otrora tan solidaria y consciente de su suerte, tan concienciada con la verdadera fortuna de esta vida... se ha asustado ante el órdago que le lanzan. Y la banca gana. En fin. Al menos... lo que queda más claro que un oso blanco es que... te echa de menos. Y que en su camino hay cosas y, especialmente, personas a las que hay que cuidar porque si algo ha aprendido es que su confianza en la gente se ha visto recompensada con creces en algunos casos. Y eso es algo que le hace feliz Creo que esta vez no voy a comentar nada más. Perdóname: el nudo de la garganta se me ha debido bajar a los dedos también. Creo que esta vez voy a pasar directamente a la parte del beso. Ven: Un dulce, dulce, beso, y... Me quedo un ratito acurrucada junto a tí mientras te cuento mas despacito cómo eran esos rizitos de oro. Hoy, especialmente, si que añoro mucho esa parte física... Dana. Nota: azul= Carlos negro= Dana ...
Muchas veces en la vida LA UNICA FORMA de salir adelante consiste en VOLVER a EMPEZAR una vez más... Una vez más...María me ha dicho, por teléfono y cinco minutos después de dejarme en la tienda, que esto no puede seguir así, que hay cosas que no funcionan en su negocio y que hay que cambiarlas, que no va a permitirme fallos garrafales a estas alturas y otra larga parrafada que casi he olvidado por completo, porque no pensé que fuera conmigo realmente. Cambiemos, pues, lo necesario si estamos a tiempo de ello. O no, yo qué sé!!!. Hoy cogeré el metro y el autobús de las diez y media. Llegaré a casa tarde, cenaré poco y frío y me pondré a escribir estas bobadas o a leer "Viento Armado" de Rosa Regás o a masturbarme sin compañía o a depilarme las cejas o a volver a repetirme que hoy tampoco he hecho ninguna de las cosas que están pendientes de hacer en mi vida, como cada día. Y un rato después me dormiré plácidamente sin sentir siquiera la llegada silenciosa del sueño, que realmente va a su auténtico son... Cuando estoy despierta... pues busco: Estoy buscando piso de alquiler pero no hay ninguno que tengas vistas a un campo de girasoles. Estoy buscando la manera de traer a Gasol a vivir conmigo, pero no hay ningún piso que tenga inodoro para galgos ni camas más pequeñas de 90. Estoy buscando recuperar la relación antigua que mantenía con Doña Julia y Sarita pero está tan al fondo del pozo que no me da el largo de la soga de los recuerdos. Estoy buscando la manera de cambiar mi empleo, por esas irregularidades de las que habla María entre otras cosas, pero estoy en una mala edad, en una mala disposición personal, en una mala ciudad, en una mala menopausia, en una mala época para sentir, en definitiva. Aunque si me lee algún empresario, estoy buena. Estoy tratando de recuperar a la rizos que tú quisiste alguna vez porque sabía sonreír y sabía llorar y sabía sentir nostalgia y pena y alegría y compromiso y compañerismo y esperanza e, incluso, a veces amor, aunque pocas. Y encima tenía un pelo precioso y domable, no como ahora... Estoy buscando pero en realidad no sé qué demonios es lo que busco, Don Carlos. Necesito volver a sentir. O igual necesito un chocolate con porras... Y como me duele muchísimo la cabeza para pensar en cosas tan difíciles... voy a coger la correa de mi chico y nos vamos a dar un paseo por las nubes.
Si alguno se apunta, estaremos en el cielo... el séptimo, para ser más exatos. Buena y OBLIGADA vuelta del puente. Besitos.
Alevosía...
" Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo". San Agustín.
Decir espera es un crimen, Aute. "De paso".
Iban a dar las cuatro de la mañana cuando me susurró: "estoy orgulloso de tí".
De repente creí que pisaba el suelo con mi cabeza y que mis pies lo escuchaban embelesados... o viceversa, no puedo estar segura porque estaba feliz y nunca he sabido compaginar ambas cosas en la misma décima de segundo. Sí recuerdo un silencio rotundo en mi boca. Sólo deletreé un largo suspiro a medio camino entre la satisfacción y la incredulidad, entre el deleite y la tristeza. "Me gustaría que me enseñaras una de las formas de decir te quiero de entre todas las miles de docenas que hay, por favor...". Su voz embriagadora en aquel lado y otro entrecortado suspiro a este lado de la línea, fue lo único que se oýó como respuesta. "Gracias". Pero si... "Pssssssshhhttt... no hace falta que añadas más, ese suspiro y todos los que tengo en el alma dicen mucho de tí... Te quiero, pese a que no me creas".
Nunca he pronunciado esas palabras, "no te creo", respecto a si él siente amor o no por la mujer maravillosa que encuentra fuera y dentro de mí. Le creo a pies juntillas, taxativamente, porque hay miles de docenas de maneras de querer, incluida la que él ofrece tan exquisita y generosa, incluso la que dura un sólo segundo, incluso la de quererse a una misma, en la que tanto y tanto insiste. Pero tampoco sé compaginar la realidad y la magia de manera exacta. Una se vuelve especialmente torpe cuando habla o escribe de amor.
A veces, cuando ha llegado la noche y el sol duerme o cuando ha llegado el día y la luna descansa, o a media tarde, cuando llueve desconsoladamente en la árida ciudad en la que vive mi capacidad de soñar, he llegado a suicidarme moralmente una y otra vez. Por sacrílego que suene, una y otra vez y cada una de las veces que surgió la mínima posibilidad de conseguir algo con lo que llevo soñando toda la eternidad, pienso en cortarme las venas por donde corren, dicen, la esperanza y la felicidad. Cada vez que he encontrado un oasis, en vez de beber y calmar mi sed, lo he cubierto de arena. Cada vez que he adelantado doscientos kilómetros por carretera, y hallé un área de descanso para el fatalismo y la desidia, decidí no parar. Cada vez que han venido a visitarme la sorpresa y la infantil ilusión, ataviadas de domingo y con una entrada de sobra para el circo de las sonrisas, he buscado excusas para no salir : "me duele la cabeza, no estoy acostumbrada a ser feliz y no me darán el puesto, soy afortunada pero mi suerte es mala, no reiré para acabar llorando..."
Si acaso vieran que no me explico de manera clara tengo dos razones que lo justifican: la primera es mi escasa calidad de expresión y la Importante es que vivo secuestrada por un orgasmo espídico, inagotable y esplendoroso desde la madrugada anterior. Físico y anímico.
Aunque prometo intentar ordenar los recuerdos que tengo en el piso tercero de mi memoria hasta que llegó este momento. Los puse ahí porque en el primer piso no había lugar más que para la familia, los amigos, los compañeros. Los demás, que son tantos... Hasta hace mil momentos preciosos, tenía muy claro el orden en mi comunidad de vecinos, pese a que en las reuniones conmigo misma no conseguí el consenso ni la mayoría absoluta de los que viven conmigo, osea dentro de mí. Primera planta: todos. Y ninguno. Segunda planta: vida laboral por mera practicidad y cobardía. Tercer piso: poco sexo, menos hombres, algo de amor y docenas de oportunidades perdidas, cajones a rebosar de suplente autoplacer y demasiadas posturas y maneras por conocer y disfrutar. Incluida la postura del amor, cualquiera que fuera entre las miles de docenas. Cuarta planta: el resto de mi vida rutinaria como ir a la peluquería, el gimnasio, comprar el periódico, hacer colección de bolsos y peluches o sonreir.
Cuando ese hombre me confesó que me quería y la mujer que quiere a ese hombre colgaron el teléfono, llamaron a la puerta las cuatro de la mañana. Ni ellas pasaron a mi cuarto para justificarse ni yo quise regañarlas por volver con los ojos ebrios de esquiva felicidad.
Preferí cerrar los míos y recrear la escena que él me escribió al oído y que, dada su dicción y su inagotable repertorio de gestos, sensacciones y palabras, acabó por dejarme redactado todo el cuerpo.. Empezó el saludo y las palabras de cortesía por mi espalda y su educación me erizó desde la columna vertebral a la nuca, hasta que lo escuché susurrar la palabra "tengomillapicesderecambio" que era tan larga que me obligó a girarme para que la acabase de mi ombligo hacia arriba... Con un duende en su garganta y un abandono absoluto en mí, describió el lugar donde estaba y pude verlo nítidamente al tiempo que levantó su copa de champagne y brindo con mis pechos en sus labios y paseó con su bolígrafo por mi cuello. Casi pude enjaular el aire que respiraba al ponerlo en mi boca con un suspiro, esta vez suyo...
Acto seguido me dijo que iba a mirar el cielo y, empezando por la derecha, contarme, una por una, la historia de todas las estrellas de esa noche de septiembre.
"Te he dejado más hojas en blanco por mi cintura", fue todo lo que dije.
Y a la altura del astro veintidós tuve que pedirle que parase, que tenía tanta luz en mi estómago, en mis piernas y en mis suspiros que iba a quedarme ciega. Le recordé que se habían acabado los folios y que apenas si quedaban unos centímetros de papel para su firma, porque ese texto no podía quedar anónimo. Y firmó en aquel espacio que era dentro de mí y me dejó firmar a su lado, a la vez, intentado hacerme creer que éramos coautores y logró convencerme de ello...
No sé cómo sucedió pero en unos segundos repasamos cada palabra, una sobre otro y otro sobre una, usando solo aleteos de nuestra respiración.
Dos minutos antes de que llegaran las cuatro supe que tenía dos cosas importantes que hacer: una reunión para actualizar la convivencia con la vida y las posibilidades que ésta te regala ,y apuntar una más en la lista de maneras de querer: esa que dura apenas unas palabras y puede acabar convirtiéndose en la más grande historia de amor, pese a ser corta y efímera, que te obliga a no pensar en el suicidio a no ser que se utilice para ello pastillas para soñar. Que te obliga a sonreir.
"Gracias".
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