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Cualquier tiempo pasado fue mejor...CARTA A LA EDITORIAL.
... (que algún día va a publicar mi libro de cartas, aunque sea lo último que publique antes de que le cierren el chiringo por vender menos que la historia de amor de la Duquesa de Alba).
Lo sé. No soy periodista, presentadora de televisión, futbolista, entrenadora, política, jurado, amiga de alguien…, hija de…, sorpresa del año, finalista del Nadal, portada de Interviú (qué más quisiera yo que tener esos cuerpos porque el photoshop ya lo tengo) o siquiera soy ya yo misma. Ya, ya sé que no soy original. Pero ya sabe, director, que quien no se arriesga no mama. Y, aunque a mí mamarla por dinero me da realmente náuseas creo que voy a hacerlo por una promesa incumplida. De momento.
Lo sé. Estamos en crisis. Económica. De ideas. Consumista. De originalidad. Mundial. De ganas de. Difícil. De trabajo… Estamos en crisis, especialmente, de humanidad, pero me da en la nariz que ese es un tema tan manido como el de dónde estará el dinero que robó Roldán (tan manido como imposible de catalogar, teniendo en cuenta que aquel curso hubo varios alumnos con notas brillantes en la asignatura de apropiación indebida). Yo, a falta de picardía, avaricia y abuso de poder, aún, arrastro el suspenso en Humanidad de mi época de estudiante (sí, tampoco en esto soy original, aquí el varios podemos cambiarlo por millones). De momento.
Lo sé. Las cartas ya no se llevan sino son para entretenerse con una partida de mus en algún hogar de la tercera edad, para matar el tiempo mientras el tiempo te mata a tí. Las cartas no se llevan si no es para que el banco te remita todos y cada uno de los movimientos habidos en tu cuenta corriente, pese que de corriente tengas menos movimientos que haciendo el amor con tu marido, si es que el marido te dura lo suficiente para que haya cosas “corrientes” en tu vida. Tal vez tanta tecnología, técnica, tecnicismos y demás tes, incluido el TDT, nos esté haciendo olvidarnos demasiado aprisa de tiempos no tan lejanos. De las reuniones tuperware hemos pasado a las reuniones tupper-sex (que merecen capítulo aparte, palabra de promotora).
De la carabina saltamos al trío mínimo si no podemos acceder a una orgía, sin necesidad, por supuesto, de pasar por la vicaría, aunque no dudaría en afirmar que posiblemente sea uno de los sitios en los que más de uno/a sitúan sus fantasías sexuales.
De las cartas de amor hemos volado a la conexión del Messenger. Ese amigo indispensable que ya tiene hasta mi hermana Maleni y que, sorprendentemente, le ha cambiado su forma de expresarse, sus horas de sueño e incluso su posición social. De las cartas habéis pasado casi todos. Menos yo.
De momento.
He renovado mi antigua aficción por hacer limpiezas de cuarto y limpiezas de silencio.
Yolanda.
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