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日志


Ese amigo/a del alma....

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Hay veces que no hacen falta muchas letras...

 

*** ANIMO, Rafa, mires para donde mires, allí estaré yo...

 

*** GRACIAS Anuka por volver. Creo que eres más fuerte de lo que piensas...

 

 *** CARLOS......... ARRIBA, que eres un hombretón, caramba!!!!

 

A todos... disculpad mi falta de atención al blog... Prometo ser menos sinverguenza en un par de días, que todo irá por donde debe...

 

Pasadlo bien y... a tope con el Mundial, que parece que hayamos nacido en las fabelas de Brasil....

 

Besotes. Dana

Soledad...

Mujer sentada al sol

 

La vi. ahí, sentada a la luz del sol                                          

oyendo el único silbido rondando

podía escapar al séptimo cielo mirándola

con tu ida, no encontraré cobijo contra la lluvia nunca más

voy a quedarme solo si te vas

dime que no volverás para aquellas tierras exiliadas

si tuviera algún sitio donde esconderte

 

Detrás de allí no han de buscarnos

las voces son bajas, y casi no pueden oírlas

y recuerda que el sol todavía está en lo alto

algún día te llevaré por esta dura colina

con tiempo de nacer, con tiempo de morir

porque solo en tus oídos está el canto manso

esto no es un refugio, ni un asilo, ni un santuario

 

Las puertas caen, van cayendo

hay demasiados ojos acercándose lentamente

mirando cuando estuve acostado

sabes que tus ojos me vieron llorar

en la corta luz temprana del atardecer

camino del lejano puerto naciente

favor; libérame, y después cojéeme  en tu regazo

 

¿Tendrás algo que decir cuando yo muera?

¿Levantarás la cabeza y me llamarás?

alguien te señalará con un beso mío

será el ángel que mandé a protegerte

pero yo no estaré más junto a ti

no me dejarán volver para besarte

cuando estás en el valle azul no te dejan oportunidades

 

Si quieres ven y te llevaré

adonde yo vivo no hay regreso

los hijos tocan solos sus frágiles cuerdas

y el eco suena en las montañas de voces caritativas

...no llores, nadie va a dejar de amarte

...no te preocupes, mi mundo es tuyo ahora

el lago mojará mi espalda y protegerá tu llanto.

 

¿Sabes?. A veces, creo que la muerte no es más que un accidente, un riesgo que hay que correr sólo por el hecho de vivir, únicamente una consecuencia de la decisión de seguir adelante. Algunos días, melancólicos o alegres o estresantes o monótonos o cordiales o sorprendentes o sólo días sin más apelativos, me siento en mi interior, en la parte que da más el sol y hablo conmigo.

Ambas nos llevamos bien, aunque no parezcamos compatibles o no estemos de acuerdo en cual es la mejor decisión para cada momento. La soledad, sea del género que sea, empacha tanto como la compañía y una charla puede ser un buen atenuante para un juicio con pruebas dudosas. Así que nos sentamos y nos contamos cosas de cuando éramos niñas y de cuando éramos jóvenes y de cuando éramos adultas y siempre acabamos riendo porque no sabemos cual de las dos acaba ganando en los yo más, pues anda que tú o si yo te contara... No solemos hablar de la muerte y siquiera creemos que llegue a existir realmente, al menos no de manera irreversible, si acaso podría ser como un dolor de muelas: primero se hincha y te provoca una infección dolorosa y molesta, unas pastillas más tarde se calma y te deja  una sensación dormida y ausente y, al final, unas veces sacando la piedra y otras reparando los daños, pasa y desaparece y queda como una anécdota de tu boca y, en casos muy afortunados, como una pieza dental necesaria para que tu apariencia siga siendo radiante.

Sin embargo hay algo que me aterra tanto como a ella: la soledad. Esa amiga tan necesaria y estridente como repulsiva y codiciada. Y es que, a veces, cuando  estamos en el lado de sol, de charla, ambas echamos un vistazo a nuestro alrededor y vemos docenas y docenas de luces alumbrando la gran ciudad y nos preguntamos si tanta gente estará de fiesta, si los coches irán cargados de carburantes y de familias exhaustas de compañía, si los perros abandonados encontrarán una cálida esquina para dormir y un hueso para sus lágrimas de “cuando he dejado de ser importante”, si los niños irán a la cama y papá y mamá estarán cerca para darles un beso de buenas noches o leerles un cuento, si las prostitutas de la Calle Anselmo podrán acabar su turno sin altercardo, sin sobresalto o sin sobredosis alguna, si el vecino del tercero, que no entiende porqué tuvo que pasarle a él, acabará superando el abandono de su mujer por un chico mucho más joven y más depilado y más atrevido y más que él, si tu coche te perdonará que lo conviertas en chatarra con la de historia y de vida y de amor y de dinero y de compañía que hay entre sus chapas, si las residencias de ancianos cumplirán las normas básicas de higiene y dignidad y si los ancianos estarán dignamente limpios, si la lluvia llegará este año a los regadíos de Cuenca y si mamá se habrá puesto el inhalador y se habrá tomado la Digoxina para el corazón y el jarabe de ganas de no tener un accidente como pueda ser la muerte.

Ayer, en el trabajo, una compañera me dijo “anda, dame un beso y deséame suerte” al tiempo que me estampaba un beso en la mejilla derecha. Y yo obedecí. Sin pensarlo. Sin ruborizarme. Alegremente. Llorando. Sin darme tiempo a sujetar la sensación de que lo que mas me aterraba era la soledad. Y supe que soy una mentirosa patética que no me engaño ni a mí misma.

Me aterra la soledad física y mental y de amor y de odio y de dolor y de alegría y de mi alma y de esta gran ciudad y de la vida misma. Esa soledad tan nociva y necesaria como un helado de chocolate en época de dieta...

Hasta ahora pensaba que tú nunca estarías solo porque yo siempre estaría a tu alcance, siempre disponible sin saber siquiera si sería una buena compañía, porque una compañía nunca es tal si no es buena.

Hoy quiero pedirte que no me dejes sola.

Porque tengo miedo.

Miedo de la

 

Dana.