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    Adiós muchachos/as...

                                                                        

     

    Aquella rizos alocada descansa, aunque no en paz...

    Aquella rizos alocada jamás hubiese tirado la toalla aceptando la derrota…

     Aquella rizos alocada  hubiese alternado una crítica lacerante y exacerbada contra el G-8, tan cabrones y ricos como mentirosos e infieles a su propia palabra, con una cita de Miguel Gila o  los suspiros de un conejo a la puerta del cementerio de la Almudena…

    Aquella rizos alocada, a la que se le murió como del rayo ese a quien tanto quería, no hubiese dejado conciencia sin patalear ni ojos sin abrir referente a la realidad infantil mundial y no hubiese dejado de ironizar sobre lo corta que la tenéis los hombres que decís que la tenéis muy larga…

    Aquella rizos alocada tuvo su momento de auge en el que a todos los hombres les pareció una princesa, a todas las niñas les pareció una segunda mamá, a todas las amigas les pareció un apoyo, a toda la familia les pareció una maravilla y a todos los jefes les pareció el fichaje más caro y prometedor de la temporada…

    Aquella rizos alocada tuvo en sus manos la capacidad de emocionarse por una estupidez y por algo importante, tuvo la capacidad de reir y hacer reir a quien quería como amigo (cuánto me arrepentiré, Luis, de no haberlo hecho contigo en los últimos tiempos) y a quien quería como enemigo, tuvo la capacidad de luchar y aportar su granito de arena en cualquiera de los frentes abiertos en el mundo, en el que la dejaran meter baza…

    Aquella rizos alocada quiso intentar dar su beso a Doña Julia para aprender a sentirse como una hija, pero ni supo encontrar la manera de hacerlo ni Doña Julia quiso darle jamás esa oportunidad…

    Aquella rizos alocada tuvo siempre tres sueños que no consiguió (a saber: una familia unida, ser misionera en África o besar a sus padres cada día de su vida) pero que siempre intentó perseguir como buena princesa de cuentos que era…

    Aquella rizos alocada, que también se llamaba Dana, y digo se llamaba porque hoy amaneció muerta, tan dulce y tan mártir, tan niña y tan vieja, habría leído tres libros a la semana y no habría pasado semana sin libro y sin que tuviera alguna carta de reproche que escribirle al Señor Bush, al señor Chávez, al señor mundo tan mal repartido como una noche de Reyes en Senegal…

     

    Aquella rizos alocada, hoy es YOLANDA. Sólo Yolanda. Y entre los escombros de la Yolanda que apareció un día por estos blogs, aún quedan señales de lo que siempre quise ofrecer, de lo que formaba parte de mí. Pero son sólo eso, escombros, que no están a la altura de ciertas personas. Nada queda de esa luz de la que habla Margarita, la persona más creativa que he conocido en este mundo virtual. Nada queda de esa escudera que protegía el camino de su caballero. Nada queda de esa rebelde inconformista ni de esa irónica y mordaz muchacha. Nada queda que a Carlos le ponga los pelos de punta y el nudo en la garganta ni que a Alberto le haga escribirme una historia. Nada queda de mi voluntad, mi empuje y mi sentido del humor, y sin todo eso no soy la persona que vosotros alabáis. La ternura de la que habla Kepa, el azul que siempre ve Jesús, el talento que me atribuye Rafa, la sensatez que me otorga Vidaltxu, la inspiración que me regala Luis y tantas otras cosas…

    No pretendo ser una mártir ni tampoco pretendo dar la sensación de que todo ha acabado, aunque en este blog tengo la sensación de que sí ha acabado.

    No sé si es posible recuperar cosas que pierdes por el camino, ni tampoco sé si es posible resurgir y renacer como el ave fénix, pero SI SÉ que odio hacer las cosas por costumbre, odio los halagos que sé que no merezco y odio no saber aportar a la gente lo que espera de mí. Odio no ser fiel a mis amigos y odio que una mala racha, un maldito problema personal me arrastre y conmigo a todos los que no merecéis tal cosa. Odio no poder llorar y perder el sentido del humor y odio que Anuka no tenga a su hada disponible siempre que la necesite. Odio que mis sobrinos crezcan sin mi sonrisa y también odio discutir con mi hermana cada dos horas y seis minutos. Odio sentarme con un folio y un boli y no saber escribir más que la lista de la compra. Odio sentirme como una mala persona y odio tener la capacidad de hundirme por cosas propias que siquiera pueden compararse a pequeñeces y enormes problemas que hay fuera de mi vida…

    Siempre creí que había palabras que resumían muchas cosas y que, a veces, no hacen falta muchas palabras para que te entiendan. Hoy he puesto un huevo de palabras y puede que siquiera lleguéis a leer este final, cosa que os disculpo obviamente. Pero hasta en eso se me escapó la rizos entre los dedos…

    Resumiendo: que me llevo en mi cajón de la firma Pandora todas vuestras palabras, vuestros besos, vuestra compañía y vuestro nombre dentro de mí. Que posiblemente no vuelva por aquí, aunque queda un correo que podéis usar al gusto, si es que merezco tal gratitud y deferencia. Que el haber cambiado tantas veces de diseño no es más que una muestra palpable de que tengo que buscar mi luz…

    Que si fuese Dana y no Yolanda hubiera escatimado en palabras y en verdades para no haceros sentir mal por mí, aunque la estúpida que actualmente está conmigo no me lo permite.

    Que siendo Dana, Yolanda y la rizos sólo quedan tres palabras más que deciros.

    Os quiero. Gracias.

    Yolanda.

     

     

     

    Don Enrique (o Don Carlos)

     
     
    Hoy, hace 25 años de tu
    "hasta luego, Princesa"...
     
     
     
    Por eso....   
     
     
     
     
     
    ...Porque yo sigo
    ECHÁNDOTE DE MENOS....
     
     
     
    Te quiero.  Danita