| Yolanda 的个人资料"Dabnaesencia"照片日志列表 | 帮助 |
A tí... (sobre la línea de mis ojos).
"Los ángeles lo llaman dicha celeste, los demonios tormento infernal, los hombres lo llaman amor. HEIINE Tal vez, serían las cuatro de la tarde... Esa hora en que el sol aprieta su cinturón de fuego, ahogando su sudor, sobre las palmeras y el agua, ahora color de jade... En aquella playa, del dulce y dorado Caribe, yacía, sentada en la apacible sombra de una erguida palmera, y parecía contemplar el curso del agua, en silenciosa meditación... Tenía el libro de poemas y el simpático gorro de paja a un lado y su bolso, arrimado al tronco, en cuya sombra descansaba. Reinaba el silencio, en su soledad. El sol caminaba, sin desear ocultarse aún. La calma del lugar, el murmullo de las aguas, el susurro de las hojas, que agitaba mansamente la brisa, y , más que nada, la soledad convidaban a aquellas dulces ilusiones a las que se entrega, con tanto gusto, la fantasía, trasladándote a la región de la imaginación... Tal vagaba su mente, embebida en su pensamiento, cuando escuchó vibrar el eco de un piano, más dulce que un cántico... Volvió el rostro al lugar donde sonaban tan deliciosas notas y ya iba a levantarse cuando una voz, preciosa, la detuvo. - Nos ha costado mucho tiempo encontrar a la dueña de ese poema, copia de carta, lanzado a la nada, deseando que lo encontrara el amor o la suerte... Buenas tardes... Una figura, de tez oscura, se agachaba hasta ella, deliciosamente turbada dentro de su diminuto bikini rojo... Su turbante tapó todo rastro de sol ante ella. Sus ropas complicadas y fascinantes se expandieron por la arena, tras sentarse en la posición en que los moros suelen tomar sus almuerzos. Entre atónita y niña asustada, lo miraba sin articular palabra, a los ojos más negros que hubiese visto jamás. - Gaspar y Melchor han quedado prendados de la belleza de una sirena, que divisaron viniendo hacia aquí...- él sonrió y ella se sintió tan pequeña, como cuando su padre la sentaba, en sus rodillas, para enseñarle modales de señorita.-. No te preocupes... su amor por ella será fugaz y eterno...- volvió a sonreír y acarició su mejilla.-. Sé que sabes hablar...- e hizo un gesto que invitaba a relajarse. - Tú... vosotros... encontrasteis mi carta... - Relájate... abre tu mente... ahora, léela... Lee tu corazón...- lentamente, ella cerró los ojos. Las lágrimas corrían por sus mejillas, convertidas en conchas saladas... Comenzó a sonreir. - Creo que, si despierto, dejaré de existir... - No... Adelante... Lee en el libro de tu corazón y dime qué has escrito en él... El cuerpo de la chica se agitó y un sudor frío rodó por su frente. El pelo corto, moreno, agitado por la brisa, se metía en sus ojos... - Dañé a quién no lo merecía y... amé a quién no podía tener.-. El se quitó la capa y la posó sobre los hombros frágiles y temblorosos de la muchacha. - Continúa, María... sigue derramando tu agonía... - Maté la esperanza y destruí el futuro...- un sobresalto recorrió su cuerpo.-. ¡No!...- sujetó sus sienes, con las pequeñas manos, y se inundó en sus propias lágrimas. - Sí... adelante... llora como si el mar estuviese en sus últimos días. Llora... son lágrimas de amor, que riegan las flores de tus penas... llora... sigue leyendo - He sentido envidia de un lecho de amor compartido. He irrumpido en un mundo donde mi presencia hacía sufrir...-. Sus ojos centelleaban.-. Amé... amé y odié, hasta la saciedad. Convertí mi cuerpo en un pecado de deseo prohibido... Amé lo que no me pertenecía y perdí todo lo que era mío... Tengo miedo... Sus ojos se abrieron lentamente. Dos figuras más habían reducido su corto espacio de soledad. Eran tan preciosos, tan perfectos como un sueño que viviese en su propia piel... - Amaste por y para él. Odiaste y dañaste por él... No hay perdón para la crueldad pero sí lo hay para el amor....- la gran barba blanca, agitada por la brisa, se movía al compás que sus labios. - Como la sirena a la que amasteis y dejasteis, en el mismo momento... - Sí... eso es.- respondió Melchor, sonriente.-. La amamos porque era preciosa, dual, niña y mujer de los mares, belleza y poder del infinito, pero... - Pertenece a las aguas, a su rey.- concluyó Gaspar, acariciando su pelo. - Yo... pequé.- dijo ella, asustada y, sin embargo, sintiéndose inmensamente acompañada en su soledad. - No...- susurraron al unísono.-. Tú.-. sentenció Baltasar.-... hiciste todo por y para él... Pediste por él, viviste por él... caíste por él...- ella le interrumpió despacio, en silencio, cogiendo su mano. - Sí... pero él, como la sirena, pertenece a otro corazón... - No debe importarte tal nimiedad. Tú le amas y, con ello, amas su vida y la tuya. Con ello, amas a aquella otra mujer... No importa si no hay un lecho de amor, si no hay un hogar... Sólo importa si hay un corazón que late... El suyo... Tal vez era, ya, demasiado tarde. Y sentía ganas de esparcir su extraño y turbador estado de ánimo. - ¿Queréis pasear conmigo...?.- pidió en un suspiro. - No...- Gaspar la alzó en sus brazos, la depositó sobre la arena y la besó la frente.-. Haz de hacerlo sola... Dejar que tu amor se esparza por el viento y te haga sentir bien... - Me abandonáis... - Los sueños nunca te abandonan. Volveremos... Repasa tu corazón. Déjalo que vuele alto y que se moje, en la divinidad de las aguas... Ve allí y mezcla tus lágrimas con la belleza de las sirenas... ve con él, con tus sueños. Esta noche, estaremos en tu lecho... - Ve al mar... ve al mar...- sentía como si una fuerza superior le empujase, pero no sentía dolor. Sólo paz. Sólo silencio. Sólo deseaba llegar a las aguas, ya oscurecidas por el amanecer, e introducirse en sus entrañas. Volvió la cabeza, con una sonrisa, y sólo vió rodar su sombrero de paja hacia el fondo de las arenas, y unas conchas saladas, apiladas en su toalla. Sonrió, mientras el agua comenzaba a mojar sus pies. Lavó su rostro con el líquido salado y, al alzar la cabeza, divisó algo al fondo de su horizonte... Lejano y cercano fue tomando forma, en las pupilas de sus ojos... El... El, que sonreía y la miraba, llorando... El que parecía un Adonis, esculpido por Neptuno... ¡Dios... cómo sonreía...!. El que tapaba, incluso, ya, la luz de la luna con su presencia... Y la llamaba, con la brisa, y paraba las aguas para que no tropezara... Su corazón escribía... se escuchaban sus latidos, con el sonido de un verso especial... Las aguas la llevaban hasta él. Despacio. Muy despacio, pensaba. Ansiaba llegar... sentirlo dentro de su cuerpo, dolorido por su ausencia... - No lo hagas...- la voz emergía de la profundidad del mar, en los labios de una mujer, tan preciosa como una noche de otoño.-. No has de tener prisa...- dijo. - Tú... te quedaste sola cuando ellos se marcharon... - No, te equivocas...- sonreía y su boca y sus dientes eran asesinos de la luz de la mañana.-. Te equivocas. Ellos me quieren... Como tú a él.... - Sí... más que a la vida.- ella era rara e increiblemente feliz. - Ve con él... será vuestra primera y última noche de amor... Grábala en tu alma y hunde su presencia en las profundidades marinas.- su voz era tan dulce que se confundía con el suave aleteo de las olas.-. Ámale tanto que no pueda borrarte jamás de su piel... y, después, márchate sin dejar tu nombre... - Eres preciosa. La sirena sonrió. - Contémplate en el agua. El amor que sientes ha convertido tu rostro en el más bello poema y tu cuerpo en una silueta magistral. Eso es el amor...- parpadeó y, aleteando, dijo.-. Buena suerte....- y desapareció entre las olas, dejando el mar en una tranquilidad enorme... Sorprendentemente, él ya estaba allí. Cerró los ojos y, a su mente, apareció el rostro de Baltasar iluminado por una sonrisa blanca. - Adelante....- le dijo.-. No tengas miedo... te prometí que estaríamos en tu lecho y éste es, hoy, tu lecho de amor... No sufras cuando se marche... Nadie, después de esta noche, podrá arrancarlo de tí... Adelante... Sé feliz... Y fue feliz... El rozaba su cara con la mano grande, perfecta. La miraba a los ojos, esos ojos enormes y alargados, que tantas veces alabó. Ella no podía moverse. Sentía una sacudida de deseo que le hacía daño en el cuerpo y, sin embargo, no quería tener prisa... Sentía su mano acariciarle el pelo. Despacio. Destructiblemente despacio... bajaba hasta su mejilla, para acabar en sus labios... Se sintió estremecer cuando él rozó su cuello con los dedos. El aliento de él se acercaba más, más, más... Cuando las manos de él descansaron en su pecho, firme y perfecto, bello y exacto, era éste una roca a punto de desprenderse del volcán de su cuerpo... Al compás que las manos, la boca de él iba dibujando su sabor en el cuello femenino y estilizado, descansando en cada jadeo... Su cuerpo se dejó evadir y se sintió destrozar, como si de un ave frágil se tratase, al abrazarla hasta poner los labios a la altura de su pecho. Cada beso era una sacudida, un grito silencioso, hasta más allá del horizonte. La depositó tierna y lentamente sobre el agua. La tomó de la mano y musitó "ven"... Y ella fue... Sus cuerpos parecían duendes, emergiendo del fondo del mar, caminando hacia la arena... Cuando alcanzaban la orilla, una ola gigante los alcanzó por sorpresa, arrastrándoles hasta la orilla... Tardaron unos segundos en reaccionar y, para entonces, ella estaba bajo el corpulento cuerpo de él, suplicando que la amase hasta más allá de donde había sido amada ninguna mujer... El se ladeó, un poco, para dejar su cuerpo descubierto y la miró despacio, sintiendo en sus ojos cada centímetro de su piel. Se arrastró a sus pies y posó besos por cada poro, de sus piernas, de sus dedos, hasta llegar a su zona prohibida... Avanzó decidido, pero pausado, dejando un escalofrío allá por donde pasaban sus labios. Ella vibraba al compás de la brisa y su placer era tan abrasador que apenas podía respirar... El llegó, de nuevo, a su pecho. Primero, lo rozó con sus dedos. Una y otra vez... después con sus labios húmedos, para volver con su lengua sensual y experta. - Por favor, por favor... ¡Tómame!.- suplicaba ella, jadeante. El no la escuchó... Jugueteó con sus pechos durante una eternidad, en la que ella creyó desfallecer. Subió por su cuello hasta sus labios hambrientos. Sus lenguas se entrelazaron, ávidas, durante eternos minutos, al tiempo que sus cuerpos se arqueaban al unísono... Rodaron por la arena sintiendo un cosquilleo delirante por la espalda... hasta que ella, esta vez, se colocó sobre él, repitiendo el ritual que había recibido. Adoró y moldeó su cuerpo con sus pequeñas manos, mientras escuchaba los jadeos de él, incrustándose en sus oídos... Se inspiró sobre el lóbulo de su oreja, dejándolo indefenso, para entretenerse en su pecho, fuerte y moldeado, apenas velludo. Bajó y subió por su cuerpo, dejando sus labios en toda su extensión y jugueteó con su pelo, erizando la piel de su cuello tanto que, incluso, dañaba su boca.... Cuando los dos se hubieron aprendido el cuerpo del otro, una vez más y por última vez, se puso sobre él, moldeando su cuerpo, como si se tratase de un recipiente de arcilla aún sin forma perfecta. Dejó que entrara en su cuerpo, sintiendo que el deseo rompía su alma en mil pedazos, una y otra vez... Salía de ella para respirar y volvía, de nuevo, a aquel templo griego... No supieron cuántas veces se sintieron fundidos uno en otro. Al llegar el amanecer y despuntar el alba... sus cuerpos yacían unidos, sobre la arena, con una expresión de niña hecha de mujer, ella. Con la mirada de un soldado vencedor, él... El sol daba en sus ojos de una forma definitiva... Debían ser las once de la mañana, cuando despertó, sobre su toalla, sintiéndose agotada y, al mismo tiempo, totalmente llena. Recorrió su alrededor y divisó su sombrero de paja muy lejos de su alcance... Su bolso seguía junto al árbol y, en su toalla, había un montoncito de conchas saladas... Las cogió en su mano y se dijo "te siento..." Las lágrimas corrían por sus mejillas libremente, mientras pensaba que lavaría su rostro en el agua cristalina... Cuando alzó su rostro y miró al frente vió como una sirena agitaba su cola, saludándola con una sonrisa... Deseaba volver a relajarse en su toalla. Reinaba el silencio en la soledad... La calma del lugar, el murmullo de las aguas, el susurro de las hojas y, más que todo, la soledad... convidaban a aquellos dulces recuerdos a los que se entrega, con tanto gusto, la realidad, trasladándote a la región de la eternidad...
Marzo de 1992. (vuelvo a estar de limpieza de cuarto.... )
Invitación Musical...
Me lo han pasado por correo y no ha sido fácil decidirse, pero lo intentaré....
INSTRUCCIONES:
Cambia mi nombre por el tuyo donde dice "cuestionario hecho por: ________". Elige a tu solista o grupo favorito y responde solo con los títulos de sus canciones. Escoge a 5 personas para que sigan con el test, pero sin olvidar avisarles de que han sido elegidos.
CUESTIONARIO HECHO POR: Dana SOLISTA O GRUPO ELEGIDO: Lo siento... son dos: Aute y Sabina.
Y ahora el test....
¿Eres hombre o mujer?: Imán de mujer. Aute Rosa de Lima. Sabina Descríbete: Nada más que nada. Aute Princesa. Sabina. ¿Que sienten las personas acerca de ti?: Besos como balas. Aute Quédate a dormir. Sabina ¿Cómo te sientes?
Como un corazón. Aute
Ave de paso. Sabina Describe tu anterior relación sentimental: El tiro por la culata. Aute. Incompatibilidad de caracteres. Sabina. Describe tu actual relación sentimental: Mojándolo todo. Aute. Arenas movedizas. Sabina. ¿Donde quisieras estar ahora?: De noche todo el día. Aute. Contigo. Sabina. ¿Cómo eres respecto al amor? : Con un beso por fusil. Aute. La canción más hermosa del mundo. Sabina. ¿Cómo es tu vida?: Del gris al azul. Aute Más de cien mentiras. Sabina. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo?: Dos o tres segundos de ternura. Aute Ruido. Sabina. Una cita o frase sabia: Quiero apurar cada grano de arena. Aute Donde dijeron digo decid Diego. Sabina. Ahora despídete: Te quiero. Aute Perdón por el gatillazo. Sabina.
Yo os elijo a todos.... Rafa Carlos Anuka Luis Alberto Jesus Kepa Tetxu Paco y el resto del mundo. Besitos. Feliz no cumpleaños...
¿Dónde habré puesto el maldito móvil?... * Doce y dos minutos de la noche. "Feliz cumpleaños. ....". El primero... fue mi mejor regalo... esa noche dormí como una niña feliz... Gracias my boy. * Doce y treinta minutos de la noche. "Se sale la noche. Brilla la luna e ilumina la sonrisa de este cansado caballero que te está despertando y oposita a tu más mejor amistad. Achuchones y felicidades. ....". Tal vez siquiera fuese ese mismo día, por eso me gustó... Gracias lunni. * Ocho treinta de la mañana. "Muchas felicidades. Estés donde estés siempre serás mi princesa. Sé feliz. Besos de ....". Ten cuidado con los sueños, a veces se cumplen... Gracias duende. * Diez y veinte de la mañana. "Mis mayores deseos de felicidad para tí en este tu cumpleaños. Un beso. .......". Ché, cómo voy a pagarte esto???... Gracias Quijote. * Diez y treinta y seis minutos de la mañana. "Cuídate mucho, Dana, pásalo bien con Gasol y acuérdate un poco de mí. Si cambias de idea y quieres decirme donde estás, llámame. Te quiero, ....". Puede que sin saber donde estoy yo, tú te encuentres mejor a tí... Gracias por los recuerdos. * Una y cuarto del mediodía. "Soy Sarita... felicidades... ¿has curado la pata a Gasol?, ¿le has cambiado la venda?... espera, que se pone mamá... ¿Qué pasa?, ¿mucho frío por allí?... ¿cuántos haces ya?... ¿cuántos... cuarenta y siete...?, ahhh... treinta y siete, claro, entonces Rober mañana hace cuarenta y tres, no?... vale, vale, ten cuidado a la vuelta que hay mucho loco suelto y tú corres más que tus hermanos... ah, que vas a llamar más veces... bueno.... adiós....". Gracias Doña Julia. * Tres de la tarde. "¿Qué pasa, hermana?, felicidades. Te llamo ahora porque me he dejado el móvil y el dinero y tengo que pagarme una paella de las de premio... Pásalo bien y aprovecha tu segunda semana en Gijón, que necesitas sonreir más... Ya nos vemos a la vuelta, te vienes por casa y tomamos un café... Besotes. Mariola". Gracias preciosa. * Cuatro y veinte de la tarde. "Felicidades... pues sí, yo estoy en Altea. El apartamento es cojonudo, una pasada, pero la playa no vale nada, todo piedras. No creo que vuelva aquí. Tú pásalo bien y caza algún partido interesante allí y, sobre todo, ves a arrasar en Gijón, que necesitas recargar las pilas... porque todo va bien, verdad???... chao. Ana". Gracias. Te quiero. * " Felicidades (guau, guau...). Habrá comida especial hoy??... guauuuuuuuu". Gasol. Deberíais haber visto su cara, bueno su rabo, de felicidad corriendo por aquel pueblo tan encantadoramente bonito y pequeño. A la mínima oportunidad "la señorita tan sola de Madrid y su guapo galgo" como nos conocían por allí amenazamos con volver... Cuando estás lejos de la gente que te ha rodeado toda la vida, aunque sea por unas simples vacaciones, al margen de que te quieran o no y al margen de que una misma los corresponda o no, se convierte en el único momento en que desearías que volviese a haber fechas en rojo en el calendario, el único instante en que recuerdas esa fecha con especial nostalgia y cambias tu costumbre de celebrar los "no cumpleaños" y los "no días de San Valentín" y los "no navidad y los no aniversarios"... Creo que se llama nostalgia, tal vez soledad o puede que sólo sea amor... El día de mi cumpleaños, que siquiera importa qué día es en el calendario, he pasado gran parte del día mirando durante horas todos los mensajes de móvil y rememorando cada llamada... y he sentido que la familia camina hacia el lado opuesto que yo y que los amigos... merecen más. No es que me importe cumplir años o celebrar mi treinta y siete aniversario con Gasol. No. Es sólo que la sensación de soledad física ha sido hoy más importante y ha querido tener más protagonismo que de costumbre, pese a ser elegida, aceptada y estudiada. Sin embargo eso no ha conseguido que dejase de doler un poco. He pasado a ser una coleccionista de bonitos recuerdos y de cumpleaños especiales: mis treinta y cuatro los pasé en Llanes con el señor cocinándome una paella; los treinta y cinco estaba en Escocia trabajando a cinco grados bajo cero y regalándome una cena casera de arroz blanco con pollo y bacón. A los treinta y seis intentaba reubicarme en Madrid, pasando el día en una oficina desértica y con una cena casera que me prepararon Sarita y mamá después de las diez... Pero lo cierto es que me siento bien con mi nueva edad y, aunque me aterra tanta aparente devoción, estoy fascinada y agradecida con todos los que quisieron felicitarme. Incluso, con algunos que no lo hicieron. He olvidado uno de los mensajes, luego dicen que la edad no desmejora... " Sé feliz, princesa". Don Carlos.
Y vosotros tened un fin de semana estupendo. Por favor. Besos. Dana.
..."me moría de ganas, querido, de verte otra vez"...
¿De qué voy a lamentarme?, Anoche... España volvió a perder al deporte rey, nada nuevo bajo el sol... pero, esta vez, los chicos del rojiblanco Aragonés tenían una excusa convincente... Era noche de fiesta grande, de arte y de toreros, (que no de toros, que esta servidora no hubiese asistido...). Noche grande en el coso de las Ventas... Noche negra... Noche de bodas... Noche con una inigualable oportunidad para quitarse el bombín... que hay ocasiones que bien lo merecen, ya lo dice el interesado... Noche de pluma larga y falda corta... noche, incluso, de mojarse con el chaparrón de unos versos que se echarán dolorosamente de menos cuando el crápula de su dueño se cargue su vida viviéndola como más le gusta... Con desdén. Noche de lluvia. De paraguas: sólo manos. De chubasquero: sólo letras de toda una vida. De abrigo... el amanecer. Cierto... No nos ofreció la luna. Nos dijo sólo "quédate, conmigo no hay fortuna que valga el corazón que te daré"... ¡¡Pero qué jodido mentiroso éste Joaquín....!! Míralo cómo se ríe el cabrón...
Escucha... te pongas como te pongas, maestro, nunca nos das tanto como nos quitas. O viceversa. Excéntrico, decadente, elegante, sorprendente, tolerante, despiadado,intolerante, tímido, descarado, incluso soez, romántico, vividor y soñador... Ahhh... y especialmente Irrepetible. Sólo una vez, allá por el año 89, vi a Sabina acompañada (mis habituales dicen que no tiene clase ni saber estar, que no sabe beber ni tampoco querer, que le falta glamour, que le sobran motivos para ser vulgar... ¿acaso el encanto existe en otro tipo de genios?...¿acaso hay algún momento mejor para aprender lo que no se sabe, que con un verso con hielo?...). Iba con Sonia. Mi genial marroquí y yo, nuestras minis de palmo y un 127 verde nos plantamos en las Ventas para hacernos mayores, prostitutas y princesas... Sin tonterías... Salimos totalmente enamoradas, vejadas y convencidas de que "cuando te hablan del destino, cambies de conversación"... Después de aquella noche de mayo, ambas queríamos (yo sigo igual) escribir la canción más hermosa del mundo pero ya lo había hecho él... y nuestros acordes no se dirigieron hacia nuestros sueños, así que decidimos pasear por el boulevar de los sueños rotos y empezar otra vez... Y lo hicimos durante los últimos veinte años con "malas compañías" como debe ser, Joaquín Sabina a la cabeza... No creo que haya muchas papeletas para que el próximo Principe de Asturias recaiga en el maestro (o sí???... Con la voz rota y recompuesta por la tecnología... con el frac blanco, gris o negro a juego con el bombín (¿no deciais que no era elegante?, qué sabréis vosotros de elegancia si en Adolfo Domínguez os lo dan todo hecho... y caro... hay que joderse)... con la mueca preocupada y desafiante... con las lágrimas escondidas en sus ojos y su guitarra ( en el momento que algo más de veinte mil manos arriba y más de veinte mil voces en su boca cantaron al completo "Y sin embargo...")... con una republicana indolencia... con una sabiniana sonrisa... con una sensación de felicidad pasajera y palpable... SABINA entró, se quedó, nos besó y SALIÓ por la puerta GRANDE...
Los genios sólo existen una vez, y yo no creo en la reencarnación... Además, como es gratis soñar, hoy ya espero una nueva ocasión para estar con él, a la orilla de la chimenea... Y ese él es genio para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad y hasta que la muerte nos separe... Afortunadamente, en esta ocasión, quedarán ciento sonetos volando de catorce y unas letras de canciones que nadie olvida, así pasen veinte años... Princesa, Calle Melancolía, Aves de paso, Contigo, Y sin Embargo, Quien me ha robado el mes de abril, Pájaros de Portugal... Y seguirán cantándolas jovencitos imberbes, ancianas venerables, pijos de sprinfield, macarras que salen en los periódicos, parejas formales y gente de bien, e, incluso, monárquicos, ciranos, diplomáticos y señoritas en edad de merecer un hombre 10... Resumiendo: Eres una jodida maravilla, Don Joaquín. Ya, ya sé que no soy original, pero la culpa es tuya. El gusto es mío. Y la boca es mía, también. Espero que este sabor de la susodicha me dure mucho más allá de 19 días y 500 noches... Besos con sal.
Enhorabuena a todos los que estuvisteis en las Ventas... Peor para los que se metieron en la cama a roncar y no quisieron levantarle la falda a la luna... -"me moria de ganas, querido Dana.
Corazón de oro...
No es del todo cierto que únicamente yo conozca las dos versiones de la historia, éramos millones de personas entonces y ahora... Una fue allá por 1984, con la mejor América a bordo de Magic Jonson (sin duda el mejor de la historia para esta servidora). Otra fue allá por el domingo, con la mejor España a lomos de un metatarsiano llamado Pau Gasol... Eran sobre las siete de una tarde cualquiera de algún mes de mayo, cuando le pedí a Don Carlos un pantaloncito y una camiseta de Magic... conseguí el pantalón corto, de mercadillo, pero no la camiseta, aunque a ver quién osaba decirle a la rizos que aquello no era un equipo de Los Lakers, ¡ja!. Unos meses más tarde me regalaron mi primer perro, al que llamé Magic porque era negro, bonachón y humilde. Murió dos años después. Hará ahora cinco años nació mi precioso galgo bretón canela. Sí, lo llamé Gasol, porque era fuerte, paciente y muy cariñoso. Después de ser muy pero que muy pesada, a los 10 años me apuntaron al equipo de basket del colegio, en el que estuve cuatro años. Saldo a favor: tres brazos rotos, una nariz, seis patadas recibidas y muchas amigas (bueno, y un entrenador de chuparse los dedos... joder con Tomás). Capitana del equipo tres de los cuatro años. Suplente cuatro de cuatro. Campeonas de la localidad dos de cuatro. Y muchos buenos momentos siendo amante del basket toda mi vida... En mi habitación, sobre mi cabeza, descansan un centenar de libros variados, reposan artículos y portadas, grapados en la pared, ahora blanca. Duerme la colección de peluches y de sombreros de paja multicolor... mis revistas de Gigantes del Basket y todas las bobadas que me leéis... además de las entradas en el Nou Camp para ver a un joven Gasol siendo la sensación de la ACB, que me costaba 1500 kilómetros de volante algunos sábados haciendo Madrid-Barcelona y viceversa. También está (o estaba porque la perdí en una maleta verde...) la semifinal de Lisboa, cuando aún eran Juniors, que volvimos a ganar a Argentina por un punto. Tal como ahora. En la que ganamos a USA, tal como ahora nos negó precisamente Argentina. Yo hubiese preferido que en esta final estuvieran los americanos (el basket siempre será negro y callejero...), pero, lo dicho: en aquel 84 estuvo la mejor América. En este 07 ha estado la mejor España. En la final de Lisboa del 99,con los Juniors, que hoy son los campeones, Gasol jugó seis minutos. El siguiente año, con el Barça fue suplente más de siete meses... Al siguiente era titular y ganó la Copa del Rey, la Liga y llegó a la Final Four en Europa. Al siguiente más de lo mismo... Al siguiente, número 3 del draft, como el mítico Jordan. Al siguiente... jugador franquicia. Al otro, precursor de los playoffs en Menphis... Y al otro... Este año: Campeón del mundo con España. MVP del torneo y, sobre todo... ORO PURO. Hubo gente que dijo que la España de Los Angeles era mejor que ésta... Hay quien dijo que España ganaría sin Gasol y con Mario Pesquera de entrenador en el europeo del año pasado... Existe quien menospreció a Pau porque jugó pocos minutos en los amistosos del Madrid Arena, llamándolo "estrellaza"... Hoy, todos estamos a sus pies. Todos lloramos con sus lágrimas de banquillo. Todos le damos el MVP. Todos creemos que Gasol es el mejor jugador de baloncesto de la historia española... Incluida yo, "obvyusly". A día de hoy, levantarse por las mañanas y lanzarse a la vida, tras la puerta blindada de casa, conlleva que, a veces, tengas que dejar muchos trozos de tí mismo que apenas necesitarás... No puedes olvidar la ambición, la competitividad, el stress, la manera de ser mejor que el resto, pero no importarán demasiado los valores, las convicciones, la manera idealista de ver la vida de alguna gente... Con Pau como líder indiscutible (te lo dije, Luis, I am sorry....) y con el resto de maravillas que siguen amando el basket negro y callejero, el que da espectáculo, el que juega en equipo, el que no tiene miedo... con nuestros doce hombres somos CAMPEONES DEL MUNDO DE BALONCESTO. Aunque yo les habría colgado un corazón de oro y no una medalla, porque los triunfos hay que celebrarlos con una sonrisa y con la multitud que ama este deporte en la calle, en un patio de colegio, en la Plaza de Castilla, incluso en la cárcel... pero no con un saludo militar al Presidente de los Estados Unidos de América. Como dice “Lugares que esperan” en su blog (sitio que os recomiendo de corazón http://lugaresqueesperan.spaces.live.com ) y utilizando su entrada de hoy a mi antojo y con su permiso, espero y deseo... Llueve. El verano se ha disfrazado de otoño por unos días y la calle es ahora territorio de una lluvia fina e insistente. Miro a través del cristal de la ventana de mi cuarto y veo como las gotas que caen sobre él poco a poco dibujan caras y escriben recuerdos. Porque la lluvia siempre me hace recordar. Y hoy me acuerdo de ti. Me ha venido a la cabeza la imagen del beso que me diste bajo una lluvia parecida, en otra plaza, en otra ciudad. Todos corrían. Pero tú y yo nos detuvimos en mitad del aguacero para besarnos. Supongo que eso significa que aún te quiero, que te echo de menos, o que no he conseguido olvidarte, tal y como pensaba. Pero nunca te lo diré, porque esa sensación sólo dura mientras llueve. Y ya está a punto de escampar.
Esperemos que siga lloviendo para el basket... Oro y futuro...
Dana
post: prometo dejar este diseño... para siempre de los siempres. Hoy, por el momento, me voy a ver al maestro a las ventas... "Contigooooooooooooo..... Joaquín Sabina"
Mi dulce niño...
Hasta que todas las mañanas, Sin Bandera.
Mi dulce niño (... a Abraham, por su dulzura e ingenuidad....)
Nunca te he olvidado pese a no intentar recordarte. Fue tan dulce y efímero, tan casual y meditado que, de no haber existido, mi conciencia del amor sería, posiblemente, distinta. Por aquel entonces, tú solías vigilarme. Sí... vigilabas todos mis movimientos, escondido en la gran nave, con la mirada opresora del encargado sobre los tuyos propios, tan seguros, tan torpes después, junto a mí. Y yo siempre pensé que era obra de la casualidad que mi utilitario estuviese en marcha las tardes de invierno, calentando el frío ambiente de agosto y diciembre; que mis papeleras, siempre llenas, no mostraran rastro alguno de la ceniza de la agitada tarde anterior... Por aquel entonces, si bajaba cuidadosamente la escalera de caracol, escurridiza y difícil, te encontraba al final, cuidándome de un tropezón que no llegó a existir. Tu encendedor aparecía tras un pasillo vacío, que aumentaba mis nervios, propios de una fumadora empedernida. Y, tras el agobio de una facturación desmedida, un teléfono incansable y demoledor... siempre tu sonrisa, tu ayuda, tu apoyo tan incondicional... Recuerdo que solíamos apostar infantilmente y yo solía perder. Y todo surgió de una de aquellas apuestas. Nunca pagábamos el castigo estipulado, de modo que, ¿por qué no?, me dije, me aposté una cena y una copa en el centro (tal vez, pensaba que podía suceder...). Perdí, por supuesto. Y, esta vez, me dijiste, no había escapatoria porque mi índice de morosidad era ya celestial. Quedamos aquel viernes por la noche. Por aquel entonces, yo pasaba a recogerte y pasé a las nueve (¡cuánto te dolía ocupar el asiento derecho, sabiendo que tu edad no te permitía la caballerosidad que hubieras querido brindarme...!, ¡ cuánto darías, solías contarme, porque nuestros siete veranos de diferencia se invirtieran a tu favor!). Compartimos el cerdo agridulce, la ensalada de pulpo enamorado y soja y chocamos dos copas de shake, que no fuimos capaces de ingerir... Más tarde, tu cuero negro, mis piernas largas (no es presunción, fue realidad) actuaron de cebo del guardián descomunal de aquella discoteca de moda a la que me llevaste. No lo dijiste, pero te oí suspirar aliviado porque no te habían pedido la identificación personal. No bailamos, sin embargo. Yo no era ducha en esas lides de los bailes de temporada y tú, me lo confesaste más tarde, no dominabas tus pies. Temblaban y no hubieras soportado el ridículo de desplomarte ante mí. Optamos por charlar. De todo. De tus padres, de tus sueños, de tus traumas, de tus proyectos. Lo necesitabas y prueba de ello fue que no censuraste mi silencio hasta bien entrada la madrugada. En cuestión de dos horas, me habías invitado a compartir tu ordenador (que tu hermano tenía prohibido tocar), a realizar una acampada solitaria, a volver a salir juntos, esta vez a un italiano porque tú invitabas y porque habías oído que las salsas tienen algo de afrodisíacos de amor... Al finalizar tu segundo whisky te pedí, por favor, que lo sustituyeses por un zumo de frutas. No soporto el alcohol y tú mismo podías odiarte, a la mañana siguiente, por no guardar siquiera un secreto ante mí. ¡Cuántas cosas compartimos...!. Cosas que sabía por los demás, comentarios chismosos, frases sueltas nada fiables... Me sorprendió que me explicaras el ambiente de tu hogar, tan difícil e incomprensible para tus dieciséis años. Sin embargo (no te lo confesé por no alimentar tu ego y luego herirlo, sin querer) fue una noche completa, amena, variada e, incluso, me atrevo a confesar que, en mi entonces cuarto de siglo, ningún apuesto acompañante anterior había logrado despertar en mí, en escasas horas, tanta ternura, tanto cariño cautivador, tanta paz y tranquilidad. Hoy puedo confesarte que me hacías sentir bien, divertida, libre, niña, deseada, amiga idolatrada, persona importante... y me sentí obligada a liberarte de tanta tensión. Ya en mi coche, que a ti siempre te pareció tan femenino, tan encantador, tan parecido a mí (aún lo conservo), acompañados por el silencio, los pájaros y los rascacielos imponentes de nuestra ciudad, te sentías vulnerable, encantadoramente tímido. Opté por no arrancar y encendí la radio. Me ofreciste un cigarrillo y, esta vez, tu encendedor, a la mínima distancia de mí, no acertó a encontrarse con mis labios. Lo cogí de tus manos y te pasé el mío encendido, notando cómo paladeabas la primera calada de mi aliento y mi sabor. Sólo supiste preguntarme cuándo, dónde, cómo sería nuestra próxima cita y yo sabía que aún no habías valorado en tu mente, aturdida y festiva, todo lo que compartimos y que, a pesar de desearlo y haberlo ensayado durante horas, días, tal vez meses, te quedaba por confesarme lo que corroía tu corazón. ¿Hice bien, mal...?. Perdóname si me equivoqué, pero tuve que instarte a que lo hicieras, descubrir tus sentimientos más íntimos, para que el nudo que atenazaba tu garganta devolviese tu respiración, tan entrecortada. Después de unos minutos de silencio, me miraste a los ojos y los tuyos, mojados, ocultos bajo las gafas, en ese momento cómplices, pronunciaron lo que tus labios quisieron decir al despegarse lentos, preciosos. - Te quiero... Reconozco que, tras haber derrotado tu muralla personal, fui yo quién se sintió perdida, indefensa ante las dos palabras que tu boca pronunciaba por vez primera a una mujer. Y la timidez y la torpeza se volvieron contra mí. Y fuiste tú, tan niño aprendiendo a ser adulto, tan cariñoso, tan amable, quién destapó mis sentimientos, los derroteros por los que empezaba a correr mi mente. - Lo sé. La presencia de otros ojos ha estado mirándome toda la noche, escondido en tus palabras. Ha existido una similitud de sentimientos conmigo. Lo amas a él y se te escapa de las manos, ahora nerviosas... Te sonreí y un impulso desconocido, tal vez propiciado por la situación tan especial, tan estúpidamente compleja, tan imprevista, me llevó hasta tus labios que me esperaban para agradecerme el contacto suave y sensual de los míos. Tú musitaste... - Gracias. No dejaré de esperarte... Hoy apenas sí mantenemos el contacto, lo que me hace recordar que me debes una cita en un restaurante italiano, para recuperar aquella amistad tan desinteresada e interesante, total e inaccesible, que nació tras esa noche donde tus labios pronunciaron las palabras más difíciles de aquella juventud que, a pesar del tiempo, no ha escapado, deseo, de tus manos nerviosas. Nunca te olvido incluso haciendo lo posible por no recordarte y te pido que si quieres volver a ser un niño, me busques en tus ojos...
Mayo de 1993.
Por cierto.... Bienvenidos, de nuevo. Gracias por seguir estando. Feliz Otoño. Besos. Dana.
|
|
|