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    Volar en sueños es fácil...

                                                                  

    Mi energía se va diluyendo como si fuera un azucarillo. A pasos agigantados. Aunque, de cuando en vez, me decido a echarla el lazo y consigo que me de compañía unas horas más y, entonces, sigo creyéndome mis propios sueños, mi propia capacidad de seguir adelante, mis buenas cosas que dar a los amigos, mi paciencia y mi ingenio para hacer reir y abrir los ojos como platos  a los demás con ese toque de ingenio y creatividad tan oseisimamente fashion que tengo…

                                                                          

    Algunos momentos me asusto, porque esa energía quiere irse tan rápido que no la cogería ni aún siendo Jesse Owens, pero vuelvo la cabeza y ahí está la voz de una amiga o la estrellita del blog con un comentario o el correo electrónico con el icono de bandeja de entrada en negro… Pestañeo. Me he comprado un producto para cuidar las pestañas, pero viviendo de prestado en un cuarto que tiene que acoger todos los enseres de un piso completo, es imposible saber donde lo he puesto después de utilizarlo solo una vez.

     

    Pestañeo. Y a los pocos segundos, giro la cabeza y tras mi energía veo como corren mi dignidad, mi talento inventado de escritora, mi capacidad de soñar y mis amigos. Hay más cosas y gentes que corren pero prefiero no mirar porque sé que no podría soportarlo… Tengo la tajante sensación de que yo tengo algo que ver en esa huida en tromba y en grupo.

     

    Y en unas décimas de segundo, todo y todos vienen hacia mí, de nuevo.

     

    Voy a prepararme un café, que es lo que hago siempre que no sé qué hacer. Cuando echo el azúcar en el agua caliente vuelvo a ver mi energía saltarina por la encimera y sonrío. Dicen que tengo una sonrisa preciosa así que no entiendo porque tengo que llevarla en una bolsa, pero soy así. De mujer. De complicada. De mujer complicada hasta para mí misma…

     

    Echo el café soluble, lo muevo, añado la desnatada y como el perro quiere seguir durmiendo, decido pensar en cosas buenas. Por ejemplo que, dentro de mi anarquía personal y de mi desorden emocional, hay algunas preferencias bastante bien definidas que hasta a mí me sorprenden. Por la buena definición, vamos.

     

    Entre todo eso que se revuelve y se amontona y que se aparece cuando hago limpiezas de cuarto, hay un papel: proyectos 2007… Jajaja… Adelgazar, corto plazo. Mejorar el inglés, corto plazo. Matricularme en la UNED en Filosofía y Letras, cortísimo plazo antes de que decidan retirarla. Escribir algo importante (…) plazo. Posibilidad de un negocio… Sin plazo. Y algunos más, que no transcribo, porque soy incapaz de recordar que día pude yo escribir semejante maravilla.

     

    Pero decido no borrar mi sonrisa. Paciencia, paciencia… me susurra Confucio por entre mis pensamientos, con toda su sabiduría y sus siglos a cuestas. “No voy a dejar que tu indecisión te mate…”, me dice la voz de un duendecillo…

     

    El perro se ha despertado y me mira con una expresión que traduzco como “cuanto te quiero pero cuanto quiero ir a hacer mis cosas al parque…”. Yo le doy un palo de pollo para canes y le digo que iremos en un ratito, que estoy intentando organizar mi vida y los tiempos muertos no me van tan bien como a Pepu Hernández con la roja. Que si pierdo el hilo luego no doy puntada derecha…

                                 

           Así que en eso estoy hoy. Resumiendo: estoy en lo de querer y poder, soñar y seguir, creérmelo y pensar que, como dice una marquesa que conozco, el universo te lo da todo…

    Pero, definitivamente, el perro no aguanta más… O el parque o el salón.

     

    Respuesta correcta.

     

    Nos vemos.

     

     

    Besazos a todos/as. Yolanda