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Ese amigo/a del alma....
Hay veces que no hacen falta muchas letras...
*** ANIMO, Rafa, mires para donde mires, allí estaré yo...
*** GRACIAS Anuka por volver. Creo que eres más fuerte de lo que piensas...
*** CARLOS......... ARRIBA, que eres un hombretón, caramba!!!!
A todos... disculpad mi falta de atención al blog... Prometo ser menos sinverguenza en un par de días, que todo irá por donde debe...
Pasadlo bien y... a tope con el Mundial, que parece que hayamos nacido en las fabelas de Brasil....
Besotes. Dana Soledad...Mujer sentada al sol
La vi. ahí, sentada a la luz del sol oyendo el único silbido rondando podía escapar al séptimo cielo mirándola con tu ida, no encontraré cobijo contra la lluvia nunca más voy a quedarme solo si te vas dime que no volverás para aquellas tierras exiliadas si tuviera algún sitio donde esconderte
Detrás de allí no han de buscarnos las voces son bajas, y casi no pueden oírlas y recuerda que el sol todavía está en lo alto algún día te llevaré por esta dura colina con tiempo de nacer, con tiempo de morir porque solo en tus oídos está el canto manso esto no es un refugio, ni un asilo, ni un santuario
Las puertas caen, van cayendo hay demasiados ojos acercándose lentamente mirando cuando estuve acostado sabes que tus ojos me vieron llorar en la corta luz temprana del atardecer camino del lejano puerto naciente favor; libérame, y después cojéeme en tu regazo
¿Tendrás algo que decir cuando yo muera? ¿Levantarás la cabeza y me llamarás? alguien te señalará con un beso mío será el ángel que mandé a protegerte pero yo no estaré más junto a ti no me dejarán volver para besarte cuando estás en el valle azul no te dejan oportunidades
Si quieres ven y te llevaré adonde yo vivo no hay regreso los hijos tocan solos sus frágiles cuerdas y el eco suena en las montañas de voces caritativas ...no llores, nadie va a dejar de amarte ...no te preocupes, mi mundo es tuyo ahora el lago mojará mi espalda y protegerá tu llanto.
¿Sabes?. A veces, creo que la muerte no es más que un accidente, un riesgo que hay que correr sólo por el hecho de vivir, únicamente una consecuencia de la decisión de seguir adelante. Algunos días, melancólicos o alegres o estresantes o monótonos o cordiales o sorprendentes o sólo días sin más apelativos, me siento en mi interior, en la parte que da más el sol y hablo conmigo. Ambas nos llevamos bien, aunque no parezcamos compatibles o no estemos de acuerdo en cual es la mejor decisión para cada momento. La soledad, sea del género que sea, empacha tanto como la compañía y una charla puede ser un buen atenuante para un juicio con pruebas dudosas. Así que nos sentamos y nos contamos cosas de cuando éramos niñas y de cuando éramos jóvenes y de cuando éramos adultas y siempre acabamos riendo porque no sabemos cual de las dos acaba ganando en los yo más, pues anda que tú o si yo te contara... No solemos hablar de la muerte y siquiera creemos que llegue a existir realmente, al menos no de manera irreversible, si acaso podría ser como un dolor de muelas: primero se hincha y te provoca una infección dolorosa y molesta, unas pastillas más tarde se calma y te deja una sensación dormida y ausente y, al final, unas veces sacando la piedra y otras reparando los daños, pasa y desaparece y queda como una anécdota de tu boca y, en casos muy afortunados, como una pieza dental necesaria para que tu apariencia siga siendo radiante. Sin embargo hay algo que me aterra tanto como a ella: la soledad. Esa amiga tan necesaria y estridente como repulsiva y codiciada. Y es que, a veces, cuando estamos en el lado de sol, de charla, ambas echamos un vistazo a nuestro alrededor y vemos docenas y docenas de luces alumbrando la gran ciudad y nos preguntamos si tanta gente estará de fiesta, si los coches irán cargados de carburantes y de familias exhaustas de compañía, si los perros abandonados encontrarán una cálida esquina para dormir y un hueso para sus lágrimas de “cuando he dejado de ser importante”, si los niños irán a la cama y papá y mamá estarán cerca para darles un beso de buenas noches o leerles un cuento, si las prostitutas de la Calle Anselmo podrán acabar su turno sin altercardo, sin sobresalto o sin sobredosis alguna, si el vecino del tercero, que no entiende porqué tuvo que pasarle a él, acabará superando el abandono de su mujer por un chico mucho más joven y más depilado y más atrevido y más que él, si tu coche te perdonará que lo conviertas en chatarra con la de historia y de vida y de amor y de dinero y de compañía que hay entre sus chapas, si las residencias de ancianos cumplirán las normas básicas de higiene y dignidad y si los ancianos estarán dignamente limpios, si la lluvia llegará este año a los regadíos de Cuenca y si mamá se habrá puesto el inhalador y se habrá tomado la Digoxina para el corazón y el jarabe de ganas de no tener un accidente como pueda ser la muerte. Ayer, en el trabajo, una compañera me dijo “anda, dame un beso y deséame suerte” al tiempo que me estampaba un beso en la mejilla derecha. Y yo obedecí. Sin pensarlo. Sin ruborizarme. Alegremente. Llorando. Sin darme tiempo a sujetar la sensación de que lo que mas me aterraba era la soledad. Y supe que soy una mentirosa patética que no me engaño ni a mí misma. Me aterra la soledad física y mental y de amor y de odio y de dolor y de alegría y de mi alma y de esta gran ciudad y de la vida misma. Esa soledad tan nociva y necesaria como un helado de chocolate en época de dieta... Hasta ahora pensaba que tú nunca estarías solo porque yo siempre estaría a tu alcance, siempre disponible sin saber siquiera si sería una buena compañía, porque una compañía nunca es tal si no es buena. Hoy quiero pedirte que no me dejes sola. Porque tengo miedo. Miedo de la
Dana. De lunes, claro....-”en mi casa no hay nada prohibido
pero no vayas a enamorarte,
con el alba tendras que marcharte, para no volver olvidando que me has conocido que una vez estuviste en mi cama… hay caprichos de amor que una dama no debe tener”. -"es mejor- le pedi -que te calles,
Si no fueras tan guapa
Si no fueras tan lista
Si no fueras tan loca, tan pena, tan todo Yo no estaría aquí
Lo más ingrato es encalar la casa,
Lo peor del amor es cuando pasa, Si nos hundimos antes de nadar La primavera miente y el verano Cuando se desprometen las promesas, Si me pides perdón socorro pido,
Buenos días... Hoy hace un día ventoso en Madrid... Y me levantado y no me ha apetecido maquillarme... Y me he traído algunos versos que me han ido dejando en la mesita de noche... Y he pasado a saludaros sin tener algo que decir...
Ayer, pasado, mañana Tal vez el siglo que viene Lejos de ti
Con la inestimable colaboración de un tal Sabina... Besos.
Dana. Tesoros" El hombre que dice que no ha nacido feliz podría, por lo menos, llegar a serlo por la felicidad de sus amigos o de cuantos le rodean. La envidia le impide este último recurso. " Pocas cosas bastan para hacer feliz a un hombre sensato, pero nada puede satisfacer a un necio, por eso son tan infelices casi todos los hombres. ROCHE FOUCAULD".
No tengo el mar cerca para poder salir una noche, cuajada de estrellas de gran color y de una brisa de buena compañía, al que contarle todos aquellos sueños rotos que perdí o todos aquellos sueños enteros que aún tengo por ganar. Así que aquí, en mi foro, de cuando en vez, me voy a Aranjuez, al cobijo de mi árbol de cuidar sueños y de cuidarme a mí. Y ayer me hizo una confesión. Me dijo que creía que yo había estado conviviendo con una herida y que no dejaba que ungüento o bálsamo alguno me curara. Que me empeñaba en ver la vida en blanco y negro cuando bien podía hacerlo en el tono 224 de la paleta del azul, como mucha otra gente hacía. Me dijo que esa herida bien podía venir de algún rayo que, en el pasado, a punto estuvo de quemar mi tronco, pero que, afortunadamente, no había sido irreversible y que vendrían más tormentas pero también vendrían más días de sol y de estrellas de gran color y de buena compañía... Me confesó que estaba orgulloso de mí porque me había visto intentar curar mi herida lavándola con sal y con tiempo y con ganas y evitando que la gangrena llegara al único final que siempre tiene: morir desangrado. “¿Ves como no era tan difícil y hay días de sol en forma de grandes personas, que te sorprenden y te emocionan y te quieren y te escuchan y consiguen que tus esperanzas, tu fe en la gente sencilla y tu creencia en la raza humana cure?. Ves como la vida puede ser cuestión de un café y de una cena en una cervecería del centro con menú de espárragos, revuelto de setas, un aliño de buena conversación y una ensalada de cariño?. O una comida rápida, acompañada del inconfundible Bogart y Marcel Proust e incluso Platón?... O una mañana de sábado en un parque lleno de romero y de perros y de vida al aire libre?. O una llamada de teléfono a la hora del Martíni, que te regala alegría y risas y flores y poemas de niñas y de papás... y que te permite sentir la sensación de ser afortunada?... Incluso, un paseo por el parque aquel, donde solías cumplir tus quince años y donde podías y puedes pasarte horas tumbada y pensando en nada o pensando en la gente que quieres y a la que no sueles decírselo...?"
Creo que me van a dar el alta, porque la herida está a punto de cerrar... y cuando cierre del todo, no volveré a permitirme el lujo de olvidar que sigue habiendo gente que merece la pena. Y tampoco el de preguntarme cuánto valgo yo misma. No sé calcular esa incógnita, porque soy de letras, pero sé que mi valor bajaría muchos enteros sin la inversión que mis amigos hacen conmigo. Prometo revalorizar mi entrega y mis cuidados, porque en los tiempos que corren un amigo es un tesoro y no estoy preparada para volver a la vida austera y de mendicidad y de penalidades sin una sonrisa que poner en mis ojos... Y, si alguna vez no digo lo que realmente siento y quiero decir... espero que lo veaís en mis ojos... (te lo tomo prestado). Tened una buena semana.
Dana...
Buenos días y...![]() Dana. Blues de regreso."El secreto del éxito radica en saber qué debemos mantener cerca y de qué tenemos que alejarnos. Nunca olvides que basta una persona o una idea para cambiar tu vida para siempre, sea para bien o para mal. Jackson Brown".
México. Había aprendido ya que no era un país para recorrerlo en soledad. El fuerte de San Diego, la Quebrada de la isla de Acapulco, aquellos locos que saltaban... Me perdí por el recorrido hermoso de la joya colonial mexicana. Pasé la mañana en Taxco y estuve incontables horas sentada frente a las paredes de Santa Prisca... su oro alumbraba mis ojos secos y sustituía la marca blanca de mi dedo anular donde no esperaba colocar alianza alguna. Tuve que pedir perdón al cielo caribeño y a todos aquellos personajes morenos y prometer que regresaría entera, decidida a degustar los placeres de sus hoteles, del zócalo, de las casas de los famosos. Prometí que pagaría mi atrevimiento de pasar por su tierra sin traer el corazón enamorado de su acento a jalisco y ranchera. Prometí que volvería. Y, por esa razón, tratando de olvidar la película de mi vida anterior, lo hice. Creía que era un buen tónico para una perdedora venida a más. Aún podía contemplar aquella secuencia en que él dudaba en posición de decidir si el sabor de sus labios había de producir en los míos el placer de no viajar sola y, de repente, decidió quedarse con el gusto y la seguridad y la rutina que da una mujer legítima. Me explicó, o lo intentó, que, aún a costa de vivir falsamente si me quería, que me quería, no había de arriesgarse a buscar la felicidad porque no era su destino. Y con sus pasos se perdieron las notas de un blues doliente... Aquí, en la Avda costera Miguel Alemán, creo que hace un mes o diez años aproximadamente, me encontré encogida, empapada y refugiada en dos lágrimas. Las únicas que derramé. Una porque me dolía el corazón. Otra porque me dolía el corazón de él. Probablemente fue entonces cuando conocí el tránsito de la niña a la mujer, una extraña e inolvidable manera de crecer. Sin embargo, Acapulco luce hoy un bello vestido de noche, se la ve más ciudad, más mujer. Camino por las callejuelas del centro en busca de mi pasado. Una chica, acaso de quince años, se apoya en la siguiente esquina y su risa sarcástica retumba en la noche y sé que el ruido de mis tacones hace daño a sus labios de zapatillas de esparto. “Dios... hace un mes o diez años, aproximadamente, yo paseaba incansable y feliz por el cuerpo de mi amor primero...”. Ella puede que no recuerde quien le dio su primer beso. Unas deliciosas rimas llegan hasta mis oídos, a modo de súplicas en la soledad de la calle atestada de gente. Localizo aquel lugar que me llama y dejo a la mujer fuera. Bajo los peldaños y a la niña conmigo... El local está denso de cigarrillos y desdichas y sonrió al adivinar entre el menú “pulpo enamorado”. No puedo ver tras el humo al poeta inesperado, pero tiene algo o ángel o rima... Recuerdo cuando disfrutábamos en la oscuridad del despacho, con aquellos versos en improvisado papel de fax. Me gusta cuando callas porque dices mucho... Y a mí me alegra saber que no te has ido... Realmente nos bastaba poco silencio para decirnos todo. Deja el alma de sus poemas en el aire y se dirige a la barra. Apenas lo reconozco, un mes o diez años aproximadamente han bastado para cambiar su pelo y sus ojos. Sus manos no. Son exactamente iguales. Es atractivo, tal vez más todavía. Pero no siento dolor por ello. Me acerco e intento saludarlo, sorteando a la gente . Eres un gran poeta. Tampoco él se sorprende. Quizá piensa que es un sueño, yo aún no estoy segura. Estamos, eso sí lo sé, a cientos de kilómetros de nuestro hogar y juntos, a miles de segundos de nuestro amor y en él. Pero sin el amor. Eso también lo sé. Tengo una gran musa.- sus ojos son aprobadores pero sin brillo alguno. Recitas muy bien. Yo le había proporcionado parte de aquellos versos alguna tarde de mi adolescencia. Los conservo desde hace diez años, se llama “Cara bonita” y cuentan el secreto de mi vida. ¿Es, acaso, confesable?.- él solía llamarme así en alguna vida anterior. No creo que quieras saberlo. Sí, quiero (al fin, me digo, puedo pronunciar estas palabras) Me pidió, antes de contárme su secreto, que no me entristeciera y yo le confesé que había perdido esa capacidad en algún pueblo del camino. “Un aire frío penetraba por el despacho solitario, yo solía escribir poemas junto a ella hasta que se fue... Un día, mi tinta se secó y los versos se perdieron con mi estupidez y sus pasos. Suspiro a suspiro, mi mujer, el trabajo, todo me ahogaba y olvidaba mi vacía existencia intentando transcribir versos recogidos de mi memoria y mi felicidad. En el bar, escuchaba a los demás hablar de fútbol, de mujeres. Todos encontramos un refugio donde guarecernos de lo que nos corroe el corazón. Ellos, el fútbol. Yo mis poesías incompletas. Llegó el día en que preferí escoger mis recuerdos, me miré al espejo y me vi viejo y equivocado. Tomé mi pluma, mis manos, mi alma y abandoné mi mentira...”. El camarero me pide que acabe el café. En una servilleta, con carmín, se me roba un verso de los ojos. Estar enamorado es.... Empezar a decir siempre y en adelante no decir nunca...- sentencia.
Salgo del local y recojo a la mujer que dejé fuera. Llueve desconsoladamente en el país donde las lluvias aparecen y desaparecen como sonetos volando alto. Con paso tembloroso camino hacia la plaza. La chica maquillada de mujer ya no está. Y unas lágrimas escapan de mis ojos: la película de mi pasado no ha cambiado siquiera bajo el embrujo de Acapulco. Incluso ahora ya ni duele que es peor que doler. Puede que, después de un mes o diez años aproximadamente, regrese a esta tierra porque vuelvo a no cumplir mis promesas. Con mis pasos y el suave murmullo de unos versos lejanos y llorosos, se pierden en la noche las notas del blues que cantaba a los sueñosperdidos y al desamor y a la imposibilidad de volver a abrir la puerta al corazón... (Para Sonia, octubre de 1994, con amor)
Dana...
Friends."Escucha bien, mi viejo amigo, nunca olvidé nuestra amistad, la vida es sólo un juego en el que hay que apostar si quieres ganar... LA FRONTERA".
Es una pena no nacer con las cualidades de un prestidigitador para sacar conejos, sorpresas y, especialmente magia de la chistera, aunque, pese a no tener mucho de todo ésto, sí he conseguido tener amigos cojonudos. Tengo amigos cojonudos.
Como traductora no tengo mucho caché (no como otros), pero a ver si puedes superar esto. D divertido O onírico N niño
I inimitable M modesto P payaso O N E especial N T talentoso E encantador
(esto ...los que he dejado en blanco es porque estoy algo dormida, bueno, vale... que no se me ocurre ninguno lo bastante bueno para tí, seguro que tú me echas una mano
Vamos a dejar las cosas claras de una vez por todas. Esta amiga cursi y maravillosa no llegará a ejercer de princesa probablemente nunca y con nadie, pero está de tu parte cuando dices que la magia y la complicidad son más que necesarias para volver a creer, porque, hazme caso, el amor existe, lo que pasa es que es una especie protegida y no está al alcance de cualquiera. En tu mano está ser especial y ganártelo...
Me he matriculado, a toda prisa, en una escuela de idiomas, en un curso de magia, otro de términos medios, uno más de amistad intensiva, en unas clases de vida y dos o tres de flores silvestres y castillos en ruinas. Además... puedes pasar y ver con tus ojitos que he repuesto, democráticamente, el rollo de papel higiénico y que no he dejado pelo alguno en la bañera o el lavabo.
Dado que los cursos durarán largo tiempo, al menos he aprendido de mis errores que dicen que es de sabios (o de inteligentes) y espero poder seguir siendo una amiga decente.
Ah... Nota a pie de página.
"... al margen de tu imponencia, tu porte, tu coche, tu casa, tu cuenta bancaria, tu condicción de políglota y todas esos detallitos que no necesitas, tienes exceso de todo lo que SI necesitas para que la adolescencia del amor dure toda una vida. Because you deserve it.". Palabra de tía inteligente. Y cursi.
Ah... Y Gracias.
Porque tu compañía bien vale una misa... excuse me, quería decir una barbacoa.
Y ya, ya sé que puedo hacerlo mejor, teacher.
Recuerda que hay que conocer a muchas personas antes de encontrar la correcta. Y que tú sabes mejor que nadie, a las pruebas me remito, que todos merecemos una segunda, tercera y hasta cuarta oportunidad. Escucha esta canción si alguna vez se me olvida decirte Stand by me.
Have a good day. Kisses.
Yolanda.
Marianela.
¿ Te acuerdas Don Carlos de la pequeña Marianela?. Su madre solía dejarla venir a pasar el día a la playa con nosotros y, a veces, incluso dormía conmigo. Bueno y con Sara, Davicito, Mario, Jr, Alba, María... La verdad es que no éramos unos ases del mini basket , en la cancha de la tercera habitación a mano izquierda, pero metíamos alguna en la cesta, de cuando en vez (y vale, sí, eras muy condescendiente y no pitabas todas las personales que hacíamos ni estaba contemplado, en el reglamento, que pasos fueran más de cuatro o de seis o de más, porque con siete años no se sabe contar excesivamente bien, pero no es menos cierto que tu futuro como árbitro era discutible). Pues anoche hablé con María, su mamá. Le alegró saber que Doña Julia está bien, que Sara ha encontrado un nuevo trabajo, que Davicito es hoy un interesante hombre de negocios, y que el resto de la familia sigue adelante como siempre. Dice que sigo siendo un “perro verde” y que, tal vez, mi afán por no sacar adelante amor alguno, boda incluida, mi osadía en el mundo laboral con un Currículo plagado de errores, mi maldita costumbre de soñar imposibles... acabe dándome una buena recompensa, aunque preferiría que tuviese un gran hombre a mi lado que me cuide, un par de pequeñines que me alegren y un trabajo menos estresante y extenso para poder disfrutar de mi “juventud”. Porque para María sigo siendo una niñaque creció a la par que Marianela así que jamás ha sido más allá de los diez años y tampoco he dejado de jugar al basket, vestir petos de cuadros o de correr detrás de los conejos. Siempre me sienta bien hablar con ella. Sigue contándome las cosas con el mismo cuidado que tienen los profesores de primaria o con la misma intención de hacerse entender que tenías tú cuando nos prohibías tomar demasiado el sol, nadar más allá de diez pasos, saltar desde las piedras altas, robar manzanas en huerto ajeno, aplastar las conchas de los caracoles y todas las travesuras que nos hacían más niñas y más divertidas y a ti más viejo y más sobresaltado. Y siempre que terminamos la charla me queda la sensación de querer entrar, un ratito, en el mundo de Marianela, que no conoce las deudas, el stress, las responsabilidades de adultos, el desamor, la violencia, las arrugas, la maternidad, el desarraigo, la soledad o tantas otras cosas que no tienen cabida en su mente infantil, llena de tardes contigo y con Danita, repleta de olas de mar y de personales sin pitar, colmada de esperanza y futuro. Una mente maravillosa que siempre nos regaló vida a raudales y que, puedo asegurártelo, jamás te ha olvidado. Tal vez no seamos tan diferentes o quizá tenga razón María y, en algún momento de mi pasado, dejé de crecer para aprender a envejecer. O dejé de envejecer para aprender a crecer. Marianela dejará de respirar artificialmente en un par de semanas. Los últimos quince años de su vida, en los que yo fui a visitarla una docena de veces y conseguí que me reconociera vagamente en un par de ellas, ha vivido suspendida en un mundo aparte, artificial, que intentaba prolongar una vida llena de carencias físicas y personales, pero plagada de solventes sentimientos por parte de quienes siempre la quisimos. Sus ojos jamás han dejado de ser grandes y curiosos y su sonrisa, más vaga y difuminada ahora, conquistó a todos los profesionales que han vivido a su lado en todo ese tiempo. María sufre porque le falta el tiempo y la costumbre de saber que su pequeña estará siempre cerca de ella y que nunca más crecerá, que no se irá del todo y que encima recupera a seres como tú, que la esperan junto a un mar de olas y de niños de siete años y de sueños esperanzados y de caracoles con las conchas intactas. Pero no tardará en comprenderlo y siempre me tendrá a mí para seguir soñando que somos aquellas dos mocosas con ganas de comernos el mundo de los adultos. Cuídamela, quieres?. Y pasead mucho por las nubes y las estrellas, ya sabes que es una enamorada de las luces del cielo...
Sé que contigo estará bien, Don Carlos. Gracias...
Dana.
post. GRACIAS por vuestros últimos comentarios, a todos. Regáis, con suma facilidad, mi alma. Esa que, a veces, duele... Siempre queda lo que llevas dentro..."Si pudiéramos ver la belleza interior de cada persona veríamos las más hermosas y marchitas flores del mundo"...
Hoy sí toca un poquito de sesión “interniana”, Don Carlos... Has de saber, antes de nada, que no he sido mala del todo, siquiera bastante buena, pero he aprendido a levantarme después de caer y a saber agradecer que alguien me ayudara a hacerlo, cuando yo no podía hacerlo sola. Hoy, en mi calendario particular, es el día de las flores y, aunque tú ya lo sabes, he buscado un ratito, entre cursillo y cursillo de formación, para repartir el ramo de florecillas campestres que he ido sembrando en el último año. Hoy, aunque no sin esfuerzo, y después de años y años, he aprendido que la vida no es tan mala ni tan buena, sólo ES, y de uno mismo depende, en muchos casos, que te deje sonreír. He aprendido que dos más dos no siempre son cuatro y que la lógica, que tan buenas notas me daba en Filosofía, nunca es tan factible en la realidad. He aprendido que, pese a las arrugas, las canas, el cansancio, las derrotas o los fracasos, siempre queda lo que llevas dentro. He aprendido que no hay que dejar pasar las pocas oportunidades que se te presentan de cazar una estrella al vuelo, leer el libro que deseas, dar el abrazo que quieres regalar, tomar aire antes de reventar, volver a intentarlo, empezar otra vez... Ya, ya sé que soy la rara de la familia pero algo bueno tenía que tener y, además, ya siquiera me importa. Afortunadamente, me ha costado años descubrirlo, pero hoy sé que sigo siendo Danita e, incluso, puede que con más fuerza que nunca, porque aquella niña de ojos grandes y largos rizos apenas sí tenía motivos para dejar de serlo. Tenía un balancín de parque, una rayuela pintada en la calle peatonal, un montón de hermanos, una mochila azul, un peto de cuadros y a Quito, mi muñeco negrito. Además, estabas tú, Doña Julia, mi profesora de lengua, la abuelita, mi montón de sueños colocados por la vieja estantería, tu sillón de mimbre... Muchísimo más que suficiente. Ahora... suena curioso, pero vuelvo a sentir que tengo todo aquello de nuevo, 25 años después y siquiera sé explicar por qué. Tal vez me esté haciendo demasiado mayor o puede que, en algún menú de estos rápidos, se confundiesen y, en vez de ketchup, me diesen un poquitín de salsa de coherencia y tranquilidad y vuelva a creer que, después de todo, siempre queda lo que llevas dentro. Y, si a eso, puedes añadir personas importantes que aportan grandes cosas a tu vida, como una sonrisa, un gracias, un abrazo, un apoyo, unos refrescos, un libro, una lágrima, un sueño... tu ramo de flores empieza a dar sus frutos y deja de importar que seas más o menos rara, mejor o peor, más o menos, más o menos... Sólo importa aprender otro arte: el arte de saber regar tus propias flores para que no se marchiten y den luz a tus ojos y a tu sonrisa. Alguien (además de tú, obviamente) me dijo una vez que tenía una “sonrisa linda” y una “mirada viva” y entonces yo me sonrojé y me metí debajo de la cama... hasta que me dí cuenta de que era precisamente por las flores... Y, por eso, hoy, día de las flores, quiero regarlas personalmente. Porque luce el sol y es miércoles. O porque quiero hacerlo...
LUIS: Es mi rosa amarilla. Aquella que se lleva en las hojas de un libro importante, la que regalaban algunos caballeros andantes a las damas y a las niñas. La rosa que me recuerda, cada día, lo que vale una sonrisa, un sueño, un abrazo. La rosa que me reenseñó a mirarme por dentro y que me arranca carcajadas y lágrimas. La rosa más bonita, humana, divertida y sincera que he plantado jamás... La rosa amarilla que bien podría estar plantada en los jardines del afresado Aranjuez, junto a un árbol de esos en los que te apoyas para soñar... La rosa que me da mucho a cambio de poco. La rosa de un Caballero todo corazón. RAFA: Es mi flor de romero. Aquella que encuentras por los parques del foro y que da un olor especial. La flor que recuerda paseos y cafés y charlas y que incluye el amor a los animales. Aquella que me aporta el don de la sabiduría y la importancia de las cosas. La flor que me hace creer en la magia y en que, siempre, hay algo dentro que perdura a través del tiempo. La flor de romero que puedes, incluso, plantar dentro de una chistera... CARLOS: Es mi flor de té. Aquella que te aporta la calma y la tranquilidad, el punto justo de exquisitez. La flor que ve más allá de lo obvio y te regala cubos de agua a manos llenas. La flor de té envuelta en pintura, poesía y un mucho de modestia... La flor de té que te acaricia el alma sin apenas rozarte... ISABEL: Ella es mi rosa blanca. Aquella que te demuestra cuánto vale una mujer y una madre y una amiga y una niña. Aquella que me regala la capacidad de soñar y de luchar. La rosa blanca que te regala un abrazo y una regañina y una lámpara de genio... Aquella rosa blanca que yo siempre supe que luciría tan bella como es ahora. ALBERTO: El es mi flor de sueños. Aquella que te hace valorar lo que vale un gesto, que te enseña a aprender que los hombres también lloran. Aquella flor que te aporta la caballerosidad, la elegancia y el temple de un Señor. La flor de sueños que te recuerda que, tras las arrugas y las canas, siempre queda Mucho. Mucho. ANUKA: Es mi flor astral. Aquella que te regala sonrisas, cuentos de hadas, frescura, halagos. Aquella que te recuerda que una pizca de locura es lo único que tienes que vestirte para salir a la vida. KEPA: Es mi flor de lirio. Aquella que me obliga a creer en el talento y en la humanidad. Aquella que me huele al paseo de un perro o al ruido de las olas de una Isla. Aquella que me relaja con su música y me acompaña con sus sonrisas. Aquella que siempre da una luz especial... Y Tetxu, Jesús, Karmen, Montse... flores de loto, margaritas, rosas... Flores que no sé si sabré hacer lucir en mi jardín, pero a las que no voy a dejar de regar.
Gracias a ti, Don Carlos, aprendí a soñar y volver a soñar después de llorar los sueños rotos y, en parte, gracias a ellos, sigo aprendiendo porque no quiero dejar que se me olvide. Vuelvo a tener rizos, mis ojos siguen vivos y mi mirada, hoy al menos, está muy linda. Y sí, es por las flores... Por cierto. DON CARLOS: Es mi flor de memoria. De vida. De pasado y presente. De niña y de mujer. Mi rosa amarilla, azul y blanca, y mi margarita, y mi rosa de té, y mi amapola y mi flor de romero y mi flor de sueños... Tú eres mi ramo más grande y... por eso, sólo busco flores exclusivas que poner junto a ti.
MenúLa verdadera medida de nuestra valía se compone de todos los beneficios que lo demás han obtenido de nuestro éxito. CULLEN HIGHTOWER Feliz fin de semana a todos. Y gracias, Carlos.
Hoy, Don Carlos, he creído, con todas mis fuerzas, que eras tú el que me leía Los mundos de Narnia en el metro. Tanto ha sido así que, cuando he vuelto de desayunar con elfos y reinas, me había pasado cinco o seis estaciones. Vuelta hacia atrás, sorteo de gente, carreras sobre tacones y un mínimo aviso de que lo que mal empieza... no acaba bien. A la hora de comer he elegido un menú poco habitual. Y no sé por qué. De primero, recuerdo en blanco y negro, con brote de impotencia al rojo vivo (estaba hecho de una secuencia de la resistencia polaca a la invasión alemana, donde una chiquilla era obligada a tocar el violín ante millones de compatriotas aterrados y hacinados en un campo de concentración. La melodía acaba cuando los oídos, poco expertos, del soldado se cansan y dilapida el concierto con un balazo en el centro de dos ojos negros, que dejan la vida mirando al terror de frente... La camarera me ha dicho que le habían puesto una pizca de Anselma cocida, que es una especie de manchega que, pese a la II República, la posterior democracia o el esfuerzo de sus hijos por pintar briznas de alegría, jamás borro de sus ojos, de su cabeza, de la tumba de su pequeña, de su cama, de su casa, de su pasado, de su presente o de su futuro, la sombra larga y pesada de una guerra civil. He tenido que pedirle a Mariola que no le pusiese salsa de llanura peruana. Aún mantengo el apadrinamiento de Pedro y de Jayro por allí, y no quiero comerme sus mínimas esperanzas de que no acaben en las infinitas estadísticas de los trabajos forzados a niños que apenas levantan un metro del suelo. Lo cierto es que estaba casi a rebosar cuando me han traído el segundo plato, pero me pierde el olor a niñez. Fotos de todos nosotros, cogidos de la mano, pasando tardes enteras en el parque del Retiro, con braguitas nuevas si era Domingo de Ramos. Le han salpimentado con una pizca de lluvia veraniega del norte español, donde yo podía pasarme horas jugando a crear mi ramo de flores perfecto o haciendo agujeros para enterrar hormigas o mariposas desafortunadas. Nunca tomo postre. Pero Mariola me ha tentado con un helado de sueños perdidos, parecidos a los de querer ser periodista de guerra, como la mitad de los niños del colegio público de Los Angeles. Ya en aquel momento me dí cuenta de que no era, en absoluto, diferente a los demás, aunque mi objetivo sí lo fuese. Ellos querían ser famosos y valientes y salir en televisión o conseguir muchas medallas, que lucir en el pecho. Ellas querían ser guapas y conocer a Jesús Hermida o al presidente de la gran América. Yo prefería soñar que conocía Africa o la India o Taiwán o Sudamérica... países que me fascinaban porque la gente era distinta y los niños iban descalzos y tenían hambre y las niñas trabajaban desde pequeñas y todos hablaban otros idiomas y algo me decía que su vida no era como la mía y seguía creyendo que si estudiaba mucho podría aprender a escribir y así escribiría la historia más bonita del mundo, donde habría una fiesta llena de niños de todos los tipos y hablando muchas lenguas y jugando a la Rayuela en la luna... Hoy no he tomado café. La digestión ha sido muy pesada. Mucho. He acabado mi trabajo, he cerrado la oficina y he cogido el metro, de vuelta a casa. Sinceramente, de regreso no he conseguido tener la sensación de que tú seguías leyéndome. “Detrás del armario de Lucy se esconde el fantástico mundo de Narnia...”, y yo he llegado a casa, he tenido mi mal final, que ya te contaré, y sólo he podido salvar una sensación: he mirado dentro de mi armario-cuerpo y he descubierto mi falta de apetito. Como recuerdos porque no cumplí mis promesas con la vida. Ceno fracaso y desasosiego porque he dejado de adorar mi trabajo, tan sólo lo hago; he dejado de querer dar besos, tan sólo los guardo; he dejado de perseguir sueños, tan sólo los lloro... Y, sin embargo, parece que he conseguido dar gato por liebre a más de uno, incluyéndome yo misma (al final va a resultar que tengo más talento o garbo del que pensaba)... Dicen que para asegurarse un futuro es necesario salvar el pasado. Tal vez por eso he decidido volver a hacer agujeros, para poner hormigas desafortunadas, en la playa que instalé entre la cajonera y el armario. Tal vez por eso compré el libro de Narnia... Tal vez por eso tomé prestadas estas palabras de casa de Carlos.
Palabras para Julia. Blas de Otero
Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres que llorar ante un muro ciego.
Te sentirás acorralada, te sentirás perdida o sola tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate de un que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.
Un hombre solo una mujer así tomados de uno en uno son como polvo no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti cuando te escribo estas palabras pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás tu futuro es tu propia vida tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas que les ayude tu alegría tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes junto al camino nunca digas no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella tú verás como a pesar de los pesares tendrás amor tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección y este mundo tal como es será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte nada más pero tú comprender que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.
Por cierto, Don Carlos... hoy he dejado el libro en casa, estoy algo cansada... Y comeré cualquier cosa rapidita porque tengo trabajo pendiente, así que tengo que dejarte. Ah... gracias por la canción y por la ternura...
Dana...
Papyrum...“Todos los días debiéramos preocuparnos por escuchar buena música, leer hermosos poemas, extasiarnos en lindas pinturas, y hablar palabras razonables. GOETHE”. Feliz semana a todos. Y gracias, Sol.
Hola, Don Carlos... Hoy, sólo paso a decirte que es Semana Santa lo que es sinónimo de vacaciones. Off, al menos en lo referente a lo laboral. Pero... quiero presentarte a alguien antes de coger el cochecillo, a Gasol y las llaves de una casita perdida en la sierra de... Bueno, está perdida así que no doy más pistas, que hay mucho Holmes suelto. Ella es Sol. Imagina la de cosas brillantes que pueden hacerse con ese nombre. Tú me conoces lo bastante bien como para saber que por Madrid centro me conocen menos que por Cádiz, lugar precioso al que nunca he ido. Hasta el momento, y desde hace más de quince años, me las ingenié para no acabar trabajando en el centro del foro. Demasiados coches, demasiado estrés, demasiada gente para desayunar, demasiados japoneses para comer, demasiados demasiados en el metro y el tren, demasiado grande, demasiado cosmopolita... Demasiada ciudad para mí. Porque sí, sigue en pie, y en primer lugar, conseguir el alquiler de una casita de campo, donde quepamos Gasol, mis libros, mi dieta y mis seres queridos. Y tú, y tú, claro. Pero, como sabes, siempre hay que buscar la parte buena de las cosas. Y venir al centro las tiene. Al menos una (porque no creo que encontrarse todas las mañanas a Leticia Sabater cruzando la Calle Orense sea un acontecimiento resaltable... o sí?). Los parquímetros de la zona azul son muy antipáticos y están más que estresados, así que me recomendaron que dejara de mirarlos y me sacara un bono de transporte público. Y lo hice. Y, una mañana, me di cuenta de que, en las casi dos horas de trayecto para cada lado, podía leerme un libro.... por semana laboral!!!!, costumbre divina que había abandonado a merced de la radio del coche y de la cercanía de mi anterior empleo. No, tampoco hoy es el momento de hablarte de la vida cibernética e “interniana”, pero, dando un paseo por el blog del talentoso, artístico y dulce Carlos, encontré unas Callecitas estrechas, por las que pasé despacito, con cautela y admiración, hasta llegar a PAPYRUM, una biblioteca virtual, en la que Sol ejerce de amable y completa bibliotecaria, instándonos a que vayamos adoptando libros, cual si fueran hijos o amigos que, aunque acaben yéndose de casa, no habrá alguien capaz de arrancarte el legado que te dejan en el alma. Salí de allí enamorada de su idea, agradecida por su devoción a los libros y entusiasmada porque alguno de los “adorables vecinos” que vienen a leernos, se animen a ser papás, aunque sea primerizos, de un bebé llamado libro. Yo adopté “La balada del abuelo Palancas” y estoy intentado decidir si mi próxima elección será “Mulanga”, “Hasta que te encuentre”, “Los niños perdidos” ó “Los santos inocentes”. Mientras que mi indecisión me da una tregua para desayunar, creo que me espera la agenda de mi jefe con más hambre que yo misma, de modo que te dejo tranquilo, con tu cigarro y tu cafetillo de las diez. Sin embargo... prométeme que en cuanto acabes te das una vuelta por Papyrum... Apúntate la dirección.
http://spaces.msn.com/alberoymar/
Buenos días, Don Carlos.
Nota: Permíteme que hoy elija una canción preciosa, que tú solías cantarme algunas tardes de adolescencia con perfume de desamor, incluso algunos días de lluvia, que pintaban el paisaje perfecto para una declaración de amor...
Dana.... o a veces, Yolanda...
Doña Julia......Mi madre encuentra la felicidad cuando yo la encuentro. Cuando yo vivo algo hermoso, lo vive a través de mi experiencia. Mi madre reza por mí, incluso cuando yo solo rezo por mi mismo. Mi madre me daría el mundo entero si fuese capaz. Gracias Mamá.. FDO: David. Tened una Semana Santa feliz. Y no os olvidéis de volver....
Hoy es 11 de abril. Aparentemente un día más. Tan sólo hace 32 años que nos mudamos a nuestro pisito en la periferia, desde el viejo barrio del Carabanchel carcelario. Tan sólo hace 4 años y medio que nació mi pequeño bretón-galgo, Gasol, que ya te traeré para compartir babas y carreras por detrás de su correa. Tan sólo hace 24 primaveras que Doña Julia se quedó esperándote en el malecón de su alma, después de aquel café con canapés de aquel día de verano mundialista, en el que competiste con Naranjito, por el puesto de titular del año en todas las revistas de cotilleo. 24 años son 286 meses, 1144 semanas, 8008 días... Ocho millares de días que cada una hemos latido como nos ha permitido el dolor, primero, el sosiego, más tarde, y, por último, la paz que da la costumbre de querer a alguien sin impedimentos, porque los héroes los crea uno mismo y siquiera la madrastras de Blancanieves puede envenenarlos. Tú siempre (antes y ahora) me acariciaste la vida con tu seguridad, con tus ojos azules, con tu sonrisa burlona y con tu voz fuerte y ronca, que apenas recuerdo. A menudo sí intento recordar, y creer, que ella tiene el mismo sentimiento. De cuando en vez, me dice, entre orgullosa y enfadada “si supiera que eres del Barça te ibas a enterar de lo que vale un peine”, y sonríe, tan madridista y tan triunfante como cuando asegura que trabajar era lo que tú hacías, y madrugar era levantarse a las 6 de la mañana, coger la furgoneta Saba, recoger la carga en la Gran Vía y repartirla por todo Madrid, durante nueve eternas horas. A veces, me pregunto cuando me atreveré a darle ese beso que le debo. Un solo beso que dura 8008 días, más seis años extras, y que se ha ido escondiendo dentro de mí, hasta llegar a ser inalcanzable. Alberto ha escrito palabras hermosas sobre su madre, en los últimos días, quizás años. Tengo un maravilloso amigo que siente que su progenitora es la mujer de su vida, sin duda alguna, aunque haya de compartir ahora ese trono con dos princesas y un gran amor, que acabará llegando. Irene y Lupe, allá por nuestros quince, le contaban a sus mamás que les gustaba el nuevo compañero de clase y que aquella tarde de Sábado iríamos a Bianco, de 7 a 10 a bailar y tomar un refresco. No recuerdo que Doña Julia me preguntase jamás dónde iba. Tengo que decirte que Doña presumida ha encogido, apenas si levanta metro y medio, pero tiene un genio del tamaño de Gasol, jugador de basket, no perro. Las cosas que le ponen contenta son, no necesariamente por este orden: que ganen los galácticos, que la llevemos de parranda por su cumpleaños, los toros, la noche de Reyes Magos, el periódico matutino, el programa de deportes, los frutos secos y la nueva habitación, tele incluida, que estrenará en una semana. Lo que no le gusta: el barça, los niños, las acelgas, madrugar... Pero, también, no sé si gustándola o no, dejó de gustarle, o dejó un día de ir a peinarse y a teñirse el pelo, unas dos décadas atrás. Y dejó de salir a pasear. Y dejó de ir a tomar cafetitos con las vecinas. Y dejó de recordar sonreir a menudo. Y alargó sus propios cuidados, algunos incluso hasta hoy. Y, a veces, pensé que había dejado de soñar... Y... Y... Y... Por eso, cuando la miro, (con menos arrugas físicas que yo, la jodía), y pienso que le debo ese beso que sé que le debo, sólo intento descubrir qué puede hacerla sonreir, qué bollo le hará más ilusión en la merienda (esa es fácil: milhoja), qué podemos preparar para su próximo cumpleaños, que es la segunda fecha del calendario en que puede ver a una grandísima parte de la familia compartiendo mantel y responsabilidades del corazón, y me pregunto dónde puedo financiar pequeños sueños y momentos que endulcen su vejez, tan solitaria, porque ella no pareció querer envejecer junto a nosotros, o quizás porque nosotros no hemos sabido estar a la altura de su vejez y de su maternidad... Me pregunto porqué no entro a su flamante habitación de pino, antes de que ese pase a ser uno de los grandes errores de mi vida, cada noche hacia las nueve y media y le dejo un beso en la frente y me pongo a cenar, con la bendita sensación de quererla y que además lo sienta en su interior. Y sí. Sé que sólo es un gesto, que siquiera hay que fingirlo ni inventarlo. Sólo recuerdo una ocasión en la que Doña Julia me dedicó una larga, defendida y maravillosa mirada de amor, en un capítulo que ya llegará, y sólo sé que, una semana después, seguía anonadada y tenía grabada en mi mente su mirada llena de amor, e incluso, de protección y orgullo materno. Esa mirada está en mi equipaje vital, no te preocupes... Ya sé que tú me dirías lo mismo que el hijo Palancas, al nieto Palancas, en la Balada del Abuelo Palancas, libro conquistador que te leeré en estos días. “... y hasta puede que se te haya olvidado la satisfacción de llorar... Dáselo ya, hija”. "Cuando voy a verla allí, sentadita en su sillón de mimbre, tan mayor y tan niña, le beso las mejillas, tomo su mano entre las mías, le digo algo cerca de su oído, le aproximo unos cacahuetes para que se alegre con mi complicidad... pero ese beso antiguo que se me quedó petrificado en tarde de canapés, permanece lacrado sobre mis labios como una garrapata....”. Y tú me preguntas, Don Carlos: ¿qué te lo impide?. Y yo te contestó... no lo sé. La costumbre, supongo. La falta de costumbre física. Porque sé que la del corazón la tengo... Quizá sea que mi capacidad de ser hija y ser madre ha tocado techo. Tal vez un 11 de abril cualquiera sea el día en que mi beso deje de ser garrapata para ser suyo. Nunca le agradecí aquella mirada de amor... Sinceramente tuya. Y suya...
Dana...
post: Te dejo la canción que te compuso a medias con el genio de inspiración y guitarra que es Rosana. Y prométeme que me ayudarás a quererla.... Oye, Don Carlos...“Mi cuarto está escrupulosamente colocado y no hay donde encontrar notas o escritos traspapelados... aunque puede que encuentre algo si rebusco, con interés, en el corazón, que también tiene polvo acumulado....” Vosotros podéis ir recopilando ganas para tener un fin de semana como manda la sensatez: de órdago.
Mira, Don Carlos... Que quería contarte aquella noche que me dio por beber sidra, sin vergüenza ni control, la noche de un viernes en la localidad de North Kessock, en casa de un amigo, Mac Pherson, más escocés que el buen güisky y más cerrado que la mollera de Don Quijote cuando se empeñaba en ver molinos de viento donde sólo había gigantes...En fin, su teoría de la vida la dejamos para otro día que estemos más lúcidos. A lo que iba. No estábamos solos. Nooooooooo. Como invitados sorpresa, le cociné una ensalada y una tortilla “great, fantastic and cojonuda”, con unos entremeses de salmón bañado en un salsa color de chocolate, que no traduje a sabor, y le hice bajar a la tienda de Wendy Mac Lean a comprar un litro y cuarto de sidra. Celebrábamos mi vuelta a España y decidí empinar mi futuro, porque el codo lo tenía molido de cortar salmón ahumado doce horas diarias, en una factoría de las afueras de Inverness, en la que los 5º bajo cero de las neveras me hicieron un millar de sabañones en las manos y sólo uno en el alma, castigando mis sueños. (Inverness es el pueblo de la pequeña Escocia en que viví durante diecinueve meses y que incluí en el Currículum de mi vida para sustituir algunos huecos vacíos). Después de la tortilla y la ensalada (que enamoraron su mal paladar británico) dudo que yo hubiese podido dar un paseo juicioso, siquiera por el salón, porque tenía una mezcla de ardiente chimenea y sonrisa infeliz, columpiándose en mi mirada como un balancín de parque. Donny (Mac Pherson) me miraba y seguro que pensaba, por trillonésima vez en dos meses, que ya le gustaría que subiésemos a la planta de arriba, porque se ahorraría quitarme el jersey azul que casi cuelo en las llamas de carbón y madera vieja, que, sino, igual podía acomodarme en el largo sofá marrón y hacer algo para que mi cabeza parase, o desabrocharme la camisa y conseguir detener mi angustia o mi sonrisa idiota, decididamente erótica para sus ojos verdes, o... Recuerdo que yo, tan borde como casi siempre, decidí espantar la ternura, que ya olía más que su deseo, y repartí lo que sobraba de la botella entre mi boca y su cabeza, evitándome el mal trago de rechazarlo una vez más, porque prefería pagar mi alquiler con libras esterlinas. No sé si me equivoqué o no, porque los borrachos no entienden mucho de cordura, o a ver si va a ser que la locura no entiende de ser abstemia..., bueno, tanto da, el caso es que él sonrió, yo sonreí y él soñó que se cumplía uno de sus sueños y yo soñé que el arte de soñar y volver a soñar, después de llorar sueños rotos, es difícil aún estando ebria de alcohol y esperanza. Oye... Don Carlos... ¿me concedes un break?. Voy a permitirme una licencia hoy, que no es literaria, retórica o poética, tan sólo me la he arrancado del corazón y de la memoria, pero estaba pensando que ya que nadie nos lee y, sin que sirva de precedente o manía, por unos minutos, quiero llamarte como el primer día que te conocí: papá. Te prometo que, en cuanto eche el vómito que me aprieta o el hueso éste que tengo atascado, muy atascado, recojo mi sobriedad y vuelvo a ser borde y altiva y aparente y de granito y tú vuelves a ser quien mereces, Don Carlos. Y aquí no ha pasado nada. Pues verás. Es que aquel viernes sidroso lo que recuerdo más nítidamente es que te echaba de menos y que la soledad me emborrachaba más deprisa que la sidra. Como hoy...o como siempre. Es que te echo de menos, qué carajo. Echo de menos el hombre que me inventó y que encima me quiso tal como era y que me prometió que mi niña iría siempre conmigo, que sería una acordeonista lunática, una poeta y una dama llena de sueños y que me explicó que no debía asustarme con un día nefasto, porque estos pasan con una indigestión de optimismo o que los zarpazos de la vida no hacen sino crecerte más feliz, ayudándote a levantar una y otra vez. Una y otra vez. A menudo me acuerdo de la playa cantábrica del Sardinero, allá por los años 80, que siempre estaba sucia lo que nos permitía volvernos a casa y de camino llenábamos barreños de caracoles, que era lo que más me gustaba después de lo de coger ranas en la charca de la era de Balbarda, en Avila, que Davicito siempre espantaba porque no sabía pronunciar la erre y lo intentaba justo cuando saltaba la “rrrrrrrrana!!!!”. Te sorprendería verlo hoy. Es un hombretón interesante, sin embargo a mí me enamora su estado de niño de cuatro años que asustaba a los batracios, con su ímpetu de aprendiz. Y recuerdo, especialmente, cuando me enseñaste a montar en bicicleta y cuando os pedí que me cortaseis los rizos, porque ya no quería más peine y más champú en los ojos ni más carreras para esconderme detrás de la máquina Sigma de coser, donde mamá no cabía con la barriga de Lola, y cuando me decías que si hablaba menos en clase subirían mis notas y que la próxima vez que cambiase mi anillo por un cuento de la Cenicienta, tendrías que regañarme porque los regalos no se dan ni se regalan y porque el oro costaba noventa y cinco horas de trabajo, conduciendo tu vieja furgoneta llena de carretes de fotografía y de colillas del señor tabaco. Recuerdo... la última vez que fui a visitarte al Hospital de la Paz para confesarte que Danita había pasado a ser la Señorita Dana en esos días, por motivos más evidentes para ti que para mí misma, y tú, desde esos ojos azules en los que yo veía un mundo exquisito y una sonrisa perenne, aunque a veces fuese triste, me miraste con magia y me prometiste que la vida sería justa conmigo, porque yo la cuidaría como se merece y eso siempre tiene premio. “Para mí ese premio, cariño, es ver tus ojos tan curiosos, tan deseosos de aprender, tan grandes como el futuro que te espera. Cuando tu hija, dentro de dos décadas, te mire así, con la ingenuidad, la curiosidad y la tranquilidad con que tú lo haces hoy, habrás recibido una de tus grandes recompensas...”. Se está acabando my tea-break... Papá... ¿cómo se aprende a no echarte de menos y a cuidar a la vida para que no te regale resacas de lágrimas y sueños rotos?, ¿cómo te concede la vida un préstamo para financiar un imposible?... Tú sabes bien que soy abstemia convencida, porque nunca me convenció no serlo, y, sin embargo, hoy me siento ebria de nostalgia y esterilidad, porque he agotado la cartilla de racionamiento en la lista de espera de la esperanza. Al menos en la que tenía pedida la vez, desde hace veinte años, para recoger el premio que me darían unos ojos abiertos, llenos de curiosidad y de ingenuidad y de tranquilidad... Ya sé que esa mirada nunca me pertenecerá, porque en ese pulso la vida me dejó kao a los puntos, y tengo pruebas coherentes que es lo único que siempre convenció a mi cabeza, así que, cuando llegue el momento, espero que sean tus ojos azules los que me esperen. Ahora sí llegó "the end". Perdona la tristeza. Disculpa la borrachera de nostalgia... Y recoge a Don Carlos. Dana se siente mejor, después del café con azúcar de tus ojos.. No dudes que la canción que te dejo hoy, nuestra favorita, es para ganarme un abrazo (aun con la voz del Señor Sinatra...) Por cierto... traigo un regalo para tí. Y no es mío. Es de Alfonso. Cuando encuentre las palabras adecuadas, si es que existen, le daré las gracias. De momento, disfrútalo.
Dana...
Códice de barro y miel..."Recuerdo... llegar del trabajo, en ocasiones agotado y, nada más abrir la puerta, escuchar la carrera que mi hijo (niño entonces), daba por el corto pasillo hasta que llegaba a mí, y se colgaba de mi cuello esperando un puñado de besos y quizás algún pequeño regalo. Sensaciones agradables, de características "semejantes" -no digo que sea lo mismo-, son las que percibo al llegar mi vista a los contenidos a los que he hecho referencia. Por eso digo en el título: Miedo a engancharme...” No dejéis de regalaros un paseo por este blog... http://spaces.msn.com/alberasen/
La Garbo poseía diversas pipas, aunque existen escasos testimonios gráficos de su afición. Parece ser que tenía cierta debilidad por los modelos grandes y masculinos, algunos de ellos obsequio de los pocos amigos íntimos que conservó hasta su muerte. Según afirman los que cultivaron su amistad, la larga Churchwarden era quizá su pipa favorita. GRETA GARBO, cuyo apellido real era GUSTAFSSON, nació en Estocolmo en el seno de una familia pobre. Los únicos recuerdos agradables de su infancia estaban ligados a su padre, un marino demasiado aficionado al alcohol, al que GRETA adoraba. Probablemente la afición de su progenitor por las pipas la llevó a acercarse a esta forma de fumar, aunque en contadas ocasiones la exhibió en público. Sin embargo, los cigarrillos los encendía la GARBO “uno tras otro”, según BARRY PARIS, uno de sus mejores biógrafos. “LA DIVINA” cultivó, con su carácter reservado y su legendario atractivo, un mito sin sombra en la historia de Hollywood. Su ambigüedad, incluso sexual, unida a su desaparición de la escena a los 36 años en la cumbre de su carrera, contribuyeron a hacer de la GARBO una leyenda. La actriz que dotó de rostro y personalidad a la reina CRISTINA de Suecia, MARGARITA GAUTIER, ANNA KARENINA y MATA HARI, fumaba en pipa tabacos aromáticos, pero nunca renunció a probar otras especialidades más poderosas como el “LATAKIA”, un tabaco de origen sirio. No tuve excesivos (ni tengo ) mitos en mi niñez y adolescencia, y tampoco recuerdo haberme querido parecer a nadie especialmente (vale, miento, quise ser Withney Houston y Scarlett O´Hara en algunas ocasiones, pero recuperé la lucidez ipsofacto). Aunque he de reconocer, no sin cierto asombro, algunas similitudes con la Srta Greta. Crecí enamorada de mi padre, que no tenía el vicio de la bebida pero sí del tabaco y también el de hacerse querer y el de procurar inculcarnos que los niños y las niñas éramos parecidos, excepto en salva sea la parte, que para querer y entender a un anciano tienes que mirarle a los ojos, o que la diplomacia nos obligaría a repudiarnos a nosotros mismos a la mínima ocasión, pero que nos daría ciertas oportunidades de darle esquinazo y no había que desaprovechar la ocasión de hacer, de cuando en vez, lo que nos apeteciera, sin pensar en las consecuencias (sociales, vecinales y demás parafernalia al uso)... Es posible, también, que su afición por el tabaco fuese, junto con sus ojeras y sus orejas, la tercera cosa que me dejó en herencia, (de la que intentó liberarme más por motivos hormonales que los de un convencimiento inteligente), aunque la ambigüedad que habita en mí no es precisamente sexual (me gustan los Hombres pero prefiero que no sean “guapos y cortésmente estúpidos”). Si acaso mi ambigüedad podría ser vital, laboral o casual, porque comparto conmigo misma momentos de gran lucidez y serenidad con otros de debilidad lacerante y escaso compromiso con mis sueños, que son muchos los que aún debo a ese progenitor que me inculcó el sano arte de soñar y volver a seguir soñando después de llorar los sueños rotos. Y todo este párrafo tan bien hablado que no escrito, en deferencia a su buena expresión, Don Alberto, no es más que una manera de agradecimiento (le sorprendería saber al propietario de ese Códice de Barro y Miel lo justita que me quedo cuando es mi lengua y no mi pluma la que hace pública mi opinión o lo bien que me llevo con los niños, los perros y los ancianos a poco que utilizo mi exquisita educación en una guardería de arrabal junto a un parque florido , y hoy sustituido por un encantador garaje de tres plantas de profundidad) a las flores que suele traerme, cuando viene de visita, y a un beso que he encontrado hoy, al alba, en una sencilla y manufacturada caja de madera. Reconozco que la he cerrado ansiosamente deprisa, ya que el ansia está de moda, porque la vida está llena de momentos en los que un beso puede hacerte volver a creer en Dios, sea cual sea su forma y religión, o simplemente regalarle una caricia a tu alma cuando está encogida. Una, a veces, y haciendo gala de su prepotencia o de su infantilidad que quiere ocultar pero, a la vez, quiere gritar que no ha perdido, se ha declarado atea, irónica, divertida, tolerante, tajante, borde, trabajadora, y tantos otros adjetivos, sin tener derecho alguno a ello, porque al fin y al cabo, como dicen en La Sombra del viento (fascinante lenguaje y genial su composición) ...la gente no te ve como eres sino como quieren que seas o como tú quieres que ellos te vean. Pero, presuntuosamente aunque no pienso confesar que soy presuntuosa, me gusta el Garbo que Usté me atribuye, ya que hay una canción que dice algo como “pisa morena, pisa con garbo....” y entiendo yo que eso no incluye calidad, talento o maravilla, sino que es cuestión de entrenamiento, pizca de gracia y algo del talante altivo y frío que se nos atribuye a los madrileños, allende nuestra Comunidad... Déjeme que le diga algo, con todo el respeto: es admirable saber que, tras 32 años de dedicación exclusiva (en el ámbito laboral) aún se puede incluir en una confesión no relevante, la capacidad de querer hacer bien su trabajo. Y hay más. Déjeme que le felicite no por el detalle de no hacer diferencias entre sexos, que encima confiesa abierta y públicamente según están las estadísticas del paro, sino por que no se ha tomado la molestia de querer más a su padre o a su madre, Don Pedro y Doña Josefa. Al contrario, parece que los admira por igual, y por diferentes motivos, cosa que le honra y sostiene totalmente su integridad. Como lo hace también su exquisita educación al saludar a las damas con un piropo, antes de tomar asiento en la mesa para cenar. Por último y, sin embargo, en el lugar más importante, déjeme que le agradezca su capacidad de sorprenderme con pequeños detalles que dejamos para una conversación posible, de esas en las que se habla y se habla hasta ser dialogante, y que le felicite por sentir la misma envidia sana que yo siento y que no hace más que sostener la teoría de que la situación del contrario suele ser más interesante... Vamos a hacer un trato. Bueno, dos. Una. Comparto mi comida vital con Usté, comentamos las exigencias necesaria para lo que sea menester y ponemos la cabeza a la misma altura, que va a ser la mejor manera de lanzarnos piropos mutuos. O trastos, si llega el momento. Dos. Se acabó el tratamiento de Usté. Si crees que tu longeva edad o tus taitantos años de oficio me coartan... vas listo. He procurado ser bien hablada, comedida y lucir un mínimo garbo, porque todo ello lo requería la ocasión, pero... se acabó el paseo en barco. A partir de ahora, la barquita que usemos para pescar y el tamaño de los peces que piquen el anzuelo será sorpresa. . Eso sí... procura seguir siendo encantador.
Dana...
Magia..."Para disfrutar en verdad de un perro, no se debe tratar de entrenarlo para que sea semihumano. El punto es abrirse uno, a la posibilidad de ser más perro." Dale un achuchón a Blacky de mi parte.
En los últimos tiempos me han llamado demasiadas veces, nada más y nada menos que, Princesa. A mí... (si, que también he de decirte, y no vayas a reirte, que hay hombres que me cortejan, pero mis artes les dejan, absortos y acojonaos, que no pillo yo saraos, como no cambie mi estilo, y esconda un poquito el filo, de mi escote desbocao....) Princesa, te decía que me llaman. Incluido tú. Y no quiere decir que lo entienda o que pueda ratificarlo, pero a nadie le amarga un dulce. He dejado de preguntarme por qué, al menos más de cinco veces diarias. Como he dejado la costumbre de incluir en mi vida personal cosas y personas, que no comparten una filosofía similar a la mía. Es curioso darse cuenta de cómo, cuando llegas a cierta edad (y cierta quiere decir que pasas los 25, los 30, los 35... y descubres que no todo es rosa, que el amor sufre enfermedades terminales, venéreas o psicológicas, que los niños no vienen de Paris, que la suerte es esquiva como una anguila....), en fin que, cuando llegas a cierta edad eres más exclusiva, más exigente, más selectiva y, aún sonando paradójico, más tierna y cuidadosa con aquello que te importa. De jovencita casi cualquiera pueda pasar por tu amigo o amiga a poco que te regale un halago, que comparta un secreto o que forme parte de un reto seguido de un logro. Incluso llegas a pensar que lo darían todo por ti. Y viceversa. Hoy, después de una vida de treinta y tantos que, como buen cotilla que eres, ya te contaré con un café o con un texto deslenguado, puedo, cuanto menos, elegir a mis amigos. Puede que no sean los mejores o los más apropiados, pero tengo mis criterios y estos pasan por un mínimo sentido del buen o mal humor, una dosis considerable de tolerancia y capacidad de escucha (en todos los sentidos, no me jodas, eh...) y otro poquito de querer cambiar el mundo, si es posible por las buenas. Si, además, tiene magia, es pelín canalla, no abandonaría a un perro, lee la vida con ansias y la capacidad suficiente para no ir a la última página antes de tiempo... bueno, resumiendo, que... a ver cómo te lo explico. Soy un desastre para casi todo y no voy a permitir alegato alguno en mi defensa. Pero soy un encanto a poco que me lo proponga si creo que la causa merece la pena. Y tampoco suelo aceptar que me varíen la opinión sin motivos más que razonables. Y... me temo que el Mago merece muy mucho la pena, además de una entrada más rimbombante, pero tú sabes bien que mi estilo es la ordinariez-elegancia y decir las cosas como son, aunque mi obsesión deslenguada me lleve al infierno más aterrador, cuando esto acabe. No voy a decir que esté deseando que acabe, pero tiene su morbo lo del diablillo... Y, encima, me importa un carajo ir allí. Sólo te lo voy a decir una vez, Mago: mañana, pasado, o al otro, o el invierno próximo, o en 2009, podrán pasar muchas cosas, pero hoy, y tómatelo como tiempo presente, vamos a conseguir que pasen algunas buenas. Tú y yo y otro montón de tarados deseando sonreir de cuando en vez. Porque podemos elegir. Porque tenemos un perro que pasear. Porque el parque está preciosamente primaveral. Porque ni tú has escrito esa novela pendiente ni yo he criticado, mordaz y positivamente, capítulo alguno. Porque tienes los ojos azules y sé que eso sólo puede ser bueno... Porque formas parte de mi vida, Mago, y , entre mis planes de futuro, no está cambiar esa situación. Si acaso, felicitarme por haberte conocido y que tú te felicites, o te fustigues, porque no te será fácil librarte de mí. Que me cueste decir te quiero no está penado por la ley, pero te advierto que ser cojonudo y especial es algo que pondría nerviosa a la justicia, por falta de costumbre. Y, hablando de costumbres, si ves que me olvido de ser exclusiva, exigente, tierna y cuidadosa contigo, dame mi merecido. O mejor, dame la mano. Tenemos un largo paseo que dar.
Dana...
Desvaríos de La Rizos."La limpieza de mi cuarto-leonera no ha acabado.
Hoy mi jefe directo ha presentado la baja voluntaria. Que porqué?. Pues es una buena pregunta, ya veo que no cambias nunca Creo que ha perdido competencias en la empresa que lo han relegado de funciones propias de su cargo de jefe de obra por motivos algo complicados para mí. Un poco de poco sentido comercial, demasiadas dosis de prepotencia indocumentada, algo de una mala dirección empresarial desde la cúpula... Nada que me competa, parece. Mucho que me afecte, presiento. Mi vida laboral es, digamos que, inestable, con visos de mejora (o eso sería lo ideal, al menos). Auque tuve épocas más brillantes, créeme. A los veintidós tenía una buena experiencia acumulada. A los veintitrés ganaba el doble del sueldo base y algún sobrecito bajo cuerda. Tenía coche de empresa e, incluso de cuando en vez, recibía reconocimientos personales y palabras muy parecidas a los halagos por parte de mis jefes. Ya sabes tú que la rizos no fue mucho de soportar los piropos de manera estoica y, aún menos, de las diferencias entre sexos, pero reconforta saber que, en el fiera y dicen que masculino mundo empresarial, la menda se había hecho un hueco aunque fuese a presión. Así me vi gestionando la logística de un departamento al cuarto de siglo, a las órdenes de un ex conductor de la guardia real, adicto al güisky, las mujeres y las doctrinas del “aquí se hace todo lo que a mí se me ponga en los cojones”. Ya, ya sé que una patada en parte tan jerarquizada no era lo más adecuado para asegurar mi continuidad laboral, pero, entiéndeme, lo de soportar un aliento alcoholizado, con hielo de gritos y refresco de autoridad hitleriana, me emborrachó. Pero... si es pisar la chapa de una cerveza y me arrancó por soleares, cuando tú bien sabes que soy totalmente negada para el baile, qué voy a contarte...Afortunadamente, después de cuatro años, la reunión del despido fue divertida porque, incluso, el patriarca, a la sazón, todavía máximo responsable de la empresa, me dio unas palmaditas en la espalda, casi a la altura de más abajo, me guiñó el ojo y susurró “porque tengo cuatro retoños para que hereden, que sino te daba las llaves del despacho mayor y de mi habitación... de invitados”. En fin, que mi Currículum siguió con un golpe de suerte que me situó de Responsable de Franquicias, con diez tiendas repartidas desde el centro al norte de España, motivo que me permitió pasarme pequeñas temporadas en Lleida, Vitoria, Salamanca, Toledo, San Sebastián y, especialmente, Zaragoza, que era nuestro mejor cliente. Pero tampoco duró. Hay que joderse. Los beneficios brillaban por su ausencia y el señor Director General más humano, implicado y soñador que yo haya conocido, me llamó, personalmente, al despacho para decirme que, aunque correr es de cobardes, más valía pájaro en mano que pollo en fotografía. Bien. “Queda despedida”. Así que me liquidaron, económica y anímicamente, antes de que las arcas quedaran vacías y el destino me llevó a un Rent a car cerca de casa, ya pasados los treinta... Supongo que, en algún momento del camino ese que se hace al andar, me equivoqué. Para bien o para mal, las cosas se fueron desviando del mundo laboral que había ido forjando mi experiencia . Con la moda, tan lineal y vigente, de esta nuestra comunidad europea de poner rotondas en todos y cada uno de los cruces, perdí la orientación laboral. Y hasta llegar a este momento algo descafeinado pero con mucho azúcar, me permití el lujo de pasar año y medio bajo brisa británica y un verano en las costas asturianas. Recuerdo que, vestida de uniforme por vez primera y, afortunadamente sin cofia, libraba el jueves completo y los domingos por la mañana. Solía salir a pasear por la playa de San Antonio y escribir cortos poemas a la sombra de algún toldo silvestre, a unos metros de las escaleras de acceso a la arena... “A mi abuelita, a la que tanto quiero... (porque decía ella en su lecho de muerte, si yo no te traté como mereces.... ocúpate de que los guantes negros se vengan conmigo...)” La calidad de mi poesía es evidente aunque nula, pero, no sé porqué, me pareció delicioso recordar lo reconfortante que es recibir mucho más de lo que das y lo fácil que es hacer feliz a una niña de noventa y siete años menos tres días. Claro que puse sus guantes de lana negra sobre su regazo apacible y conmovedor, en el impersonal tanatorio de Ávila. El frío de la nevera no consiguió borrar el deje de su semblante, de niña cansada únicamente de vivir. Tan pequeñita, tan guapa, tan abuela. Sí, sí, ya sé que, en más de una ocasión, tú te molestaste con el resto de la familia porque pensabas que no estábamos a la altura del resto de primos y nietos en cuanto a derechos y repartos generales, pero aprendimos pronto que las alturas no siempre llevan el orden lógico y simétrico que se nos vende o que no hay más altura que la que pueda poner el corazón, así que hice lo que tú hubieses hecho, pero con más gracia, que te has perdido interesantes novedades de los noventa. Ya te contaré, ya. Al menos la abuela descansó después de un atracón de sardinas y un par de copitas de vino como manda la divina insensatez. Pero también tenía otra función en Llanes: trabajar, y he de reconocer que para ser la primera vez, no se me hizo difícil eso de ejercer de Dama de Compañía de un matrimonio adinerado, aunque justo es decir que me trataron como una princesa, pese a lucirme uniformada. Teresita me regaló unos preciosos pendientes por mi cumpleaños, comprados en Oviedo, al que nos escapamos un día de agosto que la señora se fue de picnic. Vino Alberto, el “amigo especial” de la niña con un handicap considerable: mamá no aceptaba esa relación. “Le has visto la cara???.... y qué tiene???... siquiera tiene un trabajo estable y sus padres son vulgares trabajadores de los campos gallegos... Pero si ni el Rolex que lleva es auténtico... estás soñando si crees que voy a dejar que salgas con él... Tú invítalo a comer el domingo y ya me encargo yo de espantarlo...”. Puede que leído así, Doña Teresa parezca una señora interesada, cosa muy cierta por otra parte, pero, al menos, la niña debería haber reconocido que sí, que vale, que no era pudiente, megapijo, hijo de padres con posibles y toda esa parafernalia de ricos, que no están dispuesto a regalar sus frutos al primer mangarrán de turno, y todo eso no era óbice suficiente para el rechazo taxativo de su progenitora, porque también existe el amor y sentimientos semejantes, pero es que Alberto, sin querer meterme donde no me llaman, tenía menos sangre que una fiesta de vampiros al amanecer. No dijo una palabra en todo el viaje hasta Oviedo y lo mismo a la vuelta. Asintió a todos los caprichos de Teresita e, incluso, se atrevió a coger su mano para cruzar una avenida. Se habían conocido por el chat. Está muy de moda ahora, te digo. Es una manera rápida, barata y accesible para la gente que, en el siglo XXI, tenemos tiempo para trabajar, sortear atascos, pagar doce letras mensuales y mandar mensajes de móvil a todos los concursos que proponen en televisión, pero de tener pareja y, además cuidarla... de casarte, y además sacarlo adelante... de tener hijos y además criarlos.... de vivir y además ser felices... Pues no todos valemos, para qué nos vamos a engañar. Y cualquiera le dice al presidente del gobierno, un tal Zapatero, que, con todas las querellas, manifestaciones, opas hostiles y frentes que tiene abiertos, incluya, en la ley de educación, una asignatura para saber organizar nuestra vida estableciendo prioridades realmente importantes y hacer gala de nuestros valores y principios morales más a menudo. Tal vez me lo plantee para el debate de la nación. Pero hasta que eso llegue, no es Teresita la única que se relaciona vía teclado y pantalla. Mira que tú sabes bien de mi adoración por el papel blanco y la pluma, por mantener intacta la capacidad de seguir escribiendo cartas de amor aunque lo que no está intacto es destinatario alguno.... Pero, bueno, ya te irás dando cuenta de que hasta yo he sucumbido a la antisentimental tecnología y al más puro avance en el mundo de las comunicaciones. Mal que me pese. Por el momento, sólo te confesaré que conservo los pendientes que me regalaron Teresita y su amigo de clase baja, aunque no puedo decir lo mismo del joyero de madera y el ramo de flores secas que me regalaron los señores, porque llegará, pronto, un momento de esta historia en que mi equipaje se pierda rumbo a Londres... En fin, que me quedó con las ganas de ver tu cara de sorpresa al ver a la rizos sirviendo canapés, en un jardín de mil metros cuadrados al más puro estilo Isabel Preysler.: bacón con dátiles, empanadillas de nécora, bocados de alcachofa al cognac, croquetas, pollo relleno de ciruelas y fresas, tortilla española y... algunos invitados, los más habituales de aquel verano lluvioso del norte, que se acercaban a la cocina a felicitarme y dejar algún billete en el bolsillo de mi uniforme. Azul marino y blanco para esa noche, cosa que agradecí porque me hacía más estilizada y, especialmente, con un gesto menor de satisfacción debido a la tristeza del tono. ¿Sabes cuántas cosas hubiese hecho yo con el derroche de excelente champagne, vinos reserva de veinte años, manjares variopintos y postres dignos de una confitería celestial?. ¿Sabes lo que habríamos podido llevar a esa escuela multirracial y de dudosa reputación, que empezamos a construir en nuestras mentes aquellos veranos en Laredo, tú y yo cuando para mí los niños “aficanos” aún eran “negos” y los “peritos” abandonados se llamaban todos Toby. O guaus. Curioso es que el perrito de Don Manuel también se llamaba Toby. Los tres primeros días de Julio, después de mi llegada a la enorme casa, me miraba con desconfianza, alzando sus cejas picudas y vive el cielo que me costó que dejara de ladrarme cada vez que no lo dejaba pasar al comedor principal, si había visitas importantes. Siempre he querido tener la capacidad de hablar con los animales porque sino a ver cómo le explicas a un perrito de apenas cuatro kilos que esa circunstancia, tanto como la de ser la dama de compañía , y a veces la empleada de hogar, no nos daba la opción de sentarnos a la gran mesa de roble americano y probar el bisonte al vino tinto, que me costó siete horas preparar, para la festividad del cinco de septiembre, cumpleaños del señor Tovar. Y la tuya, lo sé. Así que... pasados los días, fue entrando en la cocina con las cejas más abajo y diría yo que algo más comprensivo. Dos semanas después, una vez descubierto por Doña Teresa que mis funciones en la casa le permitían ampliar sus cenas fuera y sus reuniones de amigas en algún lugar con derecho reservado de admisión, pues acabó durmiendo conmigo. Ahora tengo que dejarte... Quería haber seguido con mi currículo amoroso-sexual de los últimos 15 años... pero... me temo que Antoñita la fantástica, osea una servidora, no está hoy para muchos excesos. Siquiera para contar mentiras con el arte necesario que las hagan parecer menos verdad... Huyo... Toca mejorar mi situación laboral. Nos vemos, Don Carlos...
Dana...
Mil palabras y una imagen.
"Hoy me tienes admirada y sorprendida, y encantada de saber que no estoy loca... más allá de porque creo que la vida es un verso que tú pones en la boca... Puede que no hayamos ganado aquel concurso, pero el premio ha sido suculento: la posibilidad de rescribir el Quijote (Cervantes nos perdone) con toda una vida por delante... A sus pies, Caballero. Un honor ser tu amiga. Discúlpame los retoques...” Sinceramente... No hay palabra alguna, extra, que quiera usar para explicar esta situación. Para escribirte esta carta. Para decirte que te echo de menos. Bueno, sí las hay. Dos. Te quiero. Creo que para hablarte de amor es lo propio. Incluso sin querer poner nombres al cariño, no soy capaz de encontrar palabras mejores. Ni peores. Creo, también, que hay algunas clases que te perdiste en primaria. Alrededor de los dieciocho y después de los treinta y tantos exactos. Te aseguro que he intentado no hacerlo, no acabar escribiéndote una carta como siempre acabo haciendo, por mi maldita timidez, por mi inseparable manía y deseo de no perderte y darte razones que maten tus miedos... pero esta mañana, mirando mi taza solitaria de café, por primera vez en mucho tiempo, sobre la mesita de noche de la derecha, que es donde tú solías poner la tuya...con la imagen de la percha que hasta hace unas horas sostenía el traje que tendrás puesto en esa reunión tan importante y tan inaplazable como esta carta, con el blanco vertiginoso que pusimos a las paredes el mes pasado... se me han venido a la mente, sin aviso, más de diez frases, más de cien motivos, más de mil palabras... Sólo para intentar comprender que una imagen vale más que mil palabras. Las frases hechas no siempre son sólo frases hechas, con sujeto y predicado y motivos de estudio lingüístico, gramatical y literario. A veces, aunque pocas, las palabras acaban significando algo. Especialmente, si las dice el corazón. “El amor no tiene edad”. “Tiene un alma a prueba de bombas”. “Dame tu mano y demos un paseo por el amor”. “Saca un par de sonrisas de primera fila y nos marcamos una tarde de orilla de playa, helado de chocolate, recuerdos del Instituto... con las puertas abiertas”. “Te invito a comer a un chino y me enseñas a coger una segunda, o tercera, o cuarta oportunidad con palillos”...
Mírame. A los ojos. A los mismos que siempre te han mirado con futuro. Con confianza. Siempre has podido hacerlo aún sin estar conmigo .Y hazme un favor. Sigues llevando demasiado equipaje así que paramos en un hotel de carretera, lo dejamos en una habitación por unas horas, y nos vamos al malecón para que me cuentes eso de que querer... quieres. Sólo para ver si lo entiendo, porque sentirlo ya lo siento. Además... tú sabes tan bien como yo que... No necesitamos llevarnos promesas. El, sol, la sonrisa y puede que un libro de Mario Benedetti, que nos empuje el alma a ratitos. Deberías saber que él, precisamente, me ha dicho que la derrota y la hiel, de las que quieres ser inseparable, ya no son lo que eran. La tecnología avanza y he oído... que tiene cura e, incluso, a veces, sólo es una falsa capa creada por nuestro dolor lo que no nos deja ver la osadía, el atrevimiento y la deliciosa ingenuidad, que acompañaban nuestra juventud. Que nunca se fueron, fíjate qué curioso... No necesitamos dejar la monotonía. Sólo variarla un ápice para coger los dos y no dejarla que cambie más allá de ser distinta cada mañana.. No necesitamos un amor nuevo. Quizá podamos reformar el que tenemos gastado, de tanto usarlo, con una mano de magia o con la confianza de que las estrellas de nuestra mirada nunca se fueron, sólo intentan solventar los inconvenientes de una mudanza inesperada. No necesitamos dejar de equivocarnos, sino equivocarnos y volver a intentarlo. Podemos compartir la calma, apenas durante unas horas y sustituirla por valor en el resto del día. Sonreír para hacernos llorar. O llorar con nuestra sonrisa. Sí, ya sé. Que querer... quieres. Lo siento, incluso, desde que estás a mil kilómetros de mi mano. Y, pese a tus esfuerzos, lo siento incluso en el hueco vacío que has dejado en la almohada. No necesitamos algo que no tenemos. O muy poco. Sólo un paseo cerca del mar. Sólo una tarde de palomitas y leyendas. Sólo un helado bajo las estrellas. Sólo una taza de café. Sólo una percha para colgar la esperanza. Sólo una capacidad de creer. Sólo el deseo de volver a sentir el tacto de una mano mientras paseas. Sólo querer volver a desnudar el alma. Sólo recordar aquellas poesías favoritas para recitárselas a unos ojos sonrientes. Sólo volver a creer en las hadas y las leyendas. Sólo emocionarse con una sonrisa... Sólo nos necesitamos el uno al otro. Y al futuro. Prometo que, después de este ratito que necesito que me regales, dejaré que recojas tu equipaje, si aún recuerdas donde quedó el hotel. Permitiré que montes en tu caballo y regreses a tu triste cordura, si es que no se ha escondido en el fondo del mar. Porque todo lo que hayamos pasado en estas horas, porque todo lo que no quiero escribir... es todo lo que yo espero del amor. Porque me gusta llorar cuando sonríes. Porque me gusta sonreír secando tus lágrimas. Porque no voy a pedirte que me regales tu corazón, usado y maltrecho. Porque prefiero sumar el peso del de ambos y compartir su transporte por la vida, sea lo larga que quiera ser. Porque prefiero quedarme tu cariño sin definiciones y lo que de verdad eres... Porque sé que tú querrías hacerme princesa y crees haber extraviado tu halo real... Pero lo que no sabes es que nací así para ti y necesito despojarme de esa tiara, volver a ser niña a tu lado... Porque, después de estas casi mil palabras...hay poco que decir acerca de lo que todos esperamos del amor. Porque después de repetirme la fotografía de mi taza de café, de la percha vacía de tu traje, de las vertiginosas paredes en blanco... creo que hubiese bastado con esas dos palabras tan sin definición.
Te quiero. Por que el amor no tiene explicación. Ni veredicto. El amor es solo amor. Y ni mil palabras conseguirán convencerme de que tus ojos no quedan aún colgados en esa percha.
Dana
Bueno... vale... Te Quiero."Disculpad que este texto tenga una dedicatoria especial a alguien especial. Disculpad, también, lo largo que es... Pero salió de mi cuarto-leonera en época de limpieza, nacido hace unos meses y me apeteció transcribirlo. Porque sí. Bueno, vale, también porque me gusta un poquito tocar los coj... En fin. Buen miércoles..." Por cierto... que no se moleste nadie, por favor. Nada más lejos de mi intención. O la de mi lengua... pluma, quería decir pluma.
Me río yo de los que dicen que la memoria no crece con una. Bueno,vale, también me río de las estadísticas sexuales que salen en el telediario: seis polvos semanales, de dos a cuatro parejas mensuales y mejora evidente de la erección y la energía tomando bífidus activo de mango y papaya... En fin. Que yo recuerdo nítidamente el entierro de Don Carlos que, si hubiese levantado la cabeza, habría conseguido que las naúseas de las embarazadas quedasen en chocolatinas para la tos. Y aquí va, al menos los detalles menos relevantes. 3 de julio. Año 1982. Año del servicio militar de Juan José Pérez , un amigo ácrata “despistado” y creyente “desmotivado” al que, por aquel entonces, se le levantaba como la bandera: cada día a las ocho de la mañana. Después se casó. Y las sorpresas llegaron, exclusivamente, con los Reyes Magos. Año de Naranjito y de Felipe González. Él tiró la toalla, pero nada de hacer lo mismo con el paquete de Kaiser, pese a que el cáncer de garganta le apretaba un poquito más abajo del cinturón. Ni Tierno Galván consiguió convencerlo del color de la esperanza. Ni él ni sus hijos/as. Ni su esposa. Ni el cáncer siquiera. Fumaba hasta en los pasillos de las visitas del Hospital de la Paz. Maleducado de exquisita educación, encantador y jodidamente cabezota hasta el final. Y el final llegó. Como el de Cela, Juan Pablo II o los galácticos del club merengue. Y, aunque a él le pilló con tiempo suficiente para ganar su propia Liga,al resto de la familia, conocidos y amigos les pilló en bragas. De cuello alto. El embalsamao de ojos azules, era hijo de uniformado de la Guardia Real y ama de casa, algo rojo, poco diplomático, irónico, provocador, entrañable, cariñoso y padre de 6 criaturas, por aquel entonces de entre ocho y veintitrés veranos (por que el Guillermo Tell de Amaniel, tenía la puntería afinada. O financiao hasta el sexo, vaya Usted a saber¡). Todos, menos uno, eran del signo Leo. Él era de signo ateo. Y Virgo, para más cachondeo. Siempre le gustaba llevar la contraria como deporte y la sonrisa burlona como amuleto, pero, especialmente, le gustaba el cocido madrileño, coger caracoles en Laredo y Castro Urdiales, chatear (de vinos, que el internet estaba sin cocinar) o jugar al mus en Pan Bendito. Si pidiese opinión a algunos a los que jamás les tendría en cuenta opinión alguna, pensarían distinto que yo. Pero eso es la diplomacia. Perdón, democracia.... Los hay que quisieron insinuar que pudo ser un calzonazos, que imagino que quiere venir diciendo que quería tanto a su mujer y a sus hijos que siempre hacía lo que ella quería (porque a mí, al contrario que al protagonista, siempre me gustó ser bienpensada). Que mal hablada ya soy, coño. Hay otros que afirmaron que estuvo enamorado de su cuñada y que únicamente se casó con su señora porque así la tenía cerca, a la susodicha cuñada, que vivía pegadita... a la Torre Eiffel y que terminó encabezando la manifestación de Mayo del 68 y defendiendo el día del orgullo gay, un lustro antes de que naciera Jesús Vázquez. Lleva presumiendo de ser pro-todo seis décadas y está como el primer día: lesbiana. Hay incluso quien dijo que su mal genio y su agriado carácter eran por una úlcera pija, cosa que no veo desencaminada si recuerdo su congestión al ver a Suárez, su cuñada Victoria o Pocholo, que ya había empezado a perder su mochila... mental. Hay quien dijo, muy a su pesar, que su ingenio era mordaz, canalla e inimitable. Hay un disco de Julio Iglesias, que canta tangos, que es una joya de coleccionista. Os lo recomiendo... para echar los gases. Venga, que empieza el entierro y no os he puesto al día de los asistentes, de las vicisitudes para llegar hasta aquí y de lo hortera que es la decoración del cementerio de la Almudena, que ya les vale el estilo Lidia Lozano, decadente, insípido y tostado que gastan. Hay que joderse. Aquel... eludo el adjetivo porque esto es un relato serio y no una apología de chismosos, desagradecidos, aparentatodo y todo apariencia que, pese a la eterna reticencia de Don Carlos, acabó siendo el protagonista de todas las secuencias del thriller de su muerte (algo así como Mel Gibson en todas las entregas de Arma Letal). Los de Farruquito los obviamos. Ahora sabemos que hay dos tipos de peatones: los rápidos y los muertos. Sentencia del gitano de moda. Si lo llego a saber el día del entierro, me hago una colección completa de jerseys para cuatro inviernos. Vayamos a los castings. (...Por cierto, de verdad hay alguien que se cree que cada año van doscientos treinta y ocho mil quinientos trece aspirantes capacitados para cantar, creyéndoselo a pies juntillas, a los castings de O.T?.). Qué fuerte!!!. La prima Almudena. Gastaba bigote resultón y moda años sesenta. Hija de la tía esa. De la tía Victoria, quiero decir. Pasó al primer intento. Amor de madre, supongo. Marieta, castita vecina, del ático izquierda, con falta de entresijos cuando tiende la ropa. Primera fila, claro. Siguiente ronda. La panadera. Concha. Radio gacela de lo ajeno. Un ángel endemoniao. “Tú te quedas con nosotros, que vende mucho la ambigüedad en los rumores”. Mucho público anónimo, de extras. Yo conocía a casi nadie, pero sí había oído decir que en el barrio había diez o quince esperpénticos vecinos que estaban en todos los acontecimientos sociales, porque su vida eran tan asocial que daba asco vivirla. Siempre hay gente y gentuza. Pero pasaron. Que hasta aplaudir y ser desagradable se paga bien. Y un alto porcentaje de la “familia”, con los ojos llorosos y fingiendo que algo les oprimía el pecho, viéndolo tan virilmente amortajado, pese a sus empedernidas ojeras. Todos para dentro, prueba superada. Y hablando de virilidad, no he dicho todavía cómo era el aclamado señor protagonista, pero es que tenía un feeling con la cámara que ni Julián Muñoz, ex alcalde de Marbella. Aunque, en realidad, si hubiese que nominarlo a los Oscars, yo diría que tenía la corpulencia de Steven Seagal, pero de corte chulesco. El sex appeal de Clooney, George Clooney, pero más, mucho más guapo. El desaliño, el gesto y el humor de Hugh Grant, que hay que ver lo que me pone a mí el dichoso británico putero. Y el encanto de si mismo, porque no hay comparación para lo incomparable. (Un aparte. Sé que parezco apatriota, y me ha costado conseguirlo en lo referente a los artistas (en el resto de los temas me cuesta menos), pero es que a la que nominan a uno de los nuestros a los Oscars nos pasa como a Javier Bardem: el gran sueño americano se instala en un cuerpo diseñado para vivir en sitio menor y, así pasa, claro, que con tantos humos por su parte, y mala organización por la de otros, los incendios no se apagan ni acabando con el fuego). No estoy muy ágil en la tarea de ordenar los exiguos recuerdos que conservo de aquel día (algunos de ellos, al menos), pero apuesto veintidós a uno, por el Barça, desde luego (que, desde que la imagen del club es todo sonrisas, ganamos hasta títulos) a que no faltaron alaridos de dolor sincero, sobraron pésames mal interpretados y hasta mal pronunciados fonéticamente, apretones de mano gratuitos y comentarios acerca de lo caro que se ha puesto el colegio privado de Carlitos Luis, que no en vano es el de más prestigio de la capital, por sus “deleitables spaguettis a la milanesa y su exquisitez para pronunciar el francés, sin escupir. Esto lo dijo la prima Carmela. Lagarta y afortunada a partes iguales. Por cierto, que, a la individua en cuestión, Don Carlos la acogió en casa, cuando se vino del pueblo segoviano de Rastroviejo, a los dieciséis añitos, la instaló con la familia, la colocó en la empresa donde trabajaba él, de secretaria y le facilitó algunos posibles amigos y una vida molona, en definitiva, para una señorita de provincias, con el único encanto de una lengua muy larga y una falda muy corta, que diría Don Joaquín. Ella, muy amable, le pagó pasándose por la piedra a su primogénito, a las primeras de cambio; perdiendo la vergüenza en algún cine de verano y llegando puntual todos los días: a las diez. De la mañana. Vamos, que para los que no entiendan mi malísima literatura: una golfa redomada. Y, no, no aprendió a escribir glamour, por que creía que diptongo era una posición en el Simca mil doscientos de su primo. Aunque, poco después, y bajo el lema de dios da pan a quien no tiene dientes, se camufló al rubiales Borjamari del banco, de empalagosos ojos azules, imitación de dandy obsoleto y zás… el braguetazo más evidente desde el fichaje de Benítez por el Liverpool británico (que van a dejar de pensar éstos paliduchos que son los niños perfectos de Europa porque puedan entrar a Estados Unidos o Egipto sin visado. Lo obvio con títulos entra. Y queda lo del peñón, que esa es otra, “caballeros”.). El entierro, que sí…. Si hay algo que lamento, además de que los hombres guapos sean cortésmente estúpidos, en muchos casos; que mi despertador sea melindrosamente puntual, cada día: o que yo sea condenadamente incapaz de ahorrar un euro, a lo largo de toda mi vida, es no haber tenido derecho al voto, en el tema de la OTAN especialmente, junto a la posibilidad de acudir a su entierro, ataviada de azulón Agatha Ruiz de la Prada ( y eso que, por aquel entonces, no había visto el puntazo de vestido, look republicano sencillo, de la colega en la boda de Su Majestad Felipe, ojos azules y la chica de la tele). Y por que no había internete, que diría él, que hubiésemos chateado con los nominados en la casa de tu muerte y con Kiko, ese presentador modélico, licenciado en desencanto personal y falta de clase, salido de un gran… ¿hermano?, ¿programa?, ¿delirio?. ¡Qué demonios¡. No soy especial ni mejor ni insustituible (bueno, vale…, soy las tres cosas, en muchas ocasiones señaladas, pero no estamos aquí para hablar de mí, de mis habilidades amatorias o de lo interesante que puedo llegar a ser si uso mi exquisita mirada, con un puntito de ceja…). Sólo sé que entierro le hubiese gustado tener: NINGUNO (del latín, ningunus-ningunum-ninguneado), pero lo tuvo, para alborozo de quienes necesitaban algún nuevo tema de conversación…. Lo cierto es que poco o nada más interesante queda de contar de aquel día de verano, aunque la verdad es que el periplo para llegar al cementerio de la dichosa Almudena fue dantesco: un atasco de los de feria del automóvil en el recinto ferial Juan Carlos I... un cortejo fúnebre del tipo de acompañamiento de Massiel o Rosa en Eurovisión... Por cierto que la ordinariez me puede: el primo Lucas tiene un culo cojonudo!!!. Lo del besamanos... es... Bueno, vale... Por aquel entonces yo era menor y mi guardería era exclusiva, lo suficiente para moderar mi vocabulario. Adriana, la viuda, primero. De luto riguroso, bajita pero muy entera. Sobria, diría yo. Seguida de Antoñito, el primogénito y parienta: melenas onduladas y vaquero marca paquete él y lágrimas a mares con conjunto tostado, ella. Detrás, Mariola y marido. Ésta ya se había jugado un mus, por parejas, con los papás en cuestión y ganaron la partida por que el tropiezo salió moreno, de ojos grandes y avispao como el abuelo. Vamos, que se les caía la baba y se les escurría el que dirá la cotilla Petra. El militar, Rober, con unos adquiridos valores machistas que me río yo de las creencias del Vaticano, con su novia de turno, Patri, opositora al Ayuntamiento de Madrid y a los modelitos quitahipos, aunque en el fondo era eso que dicen "una buena chica". La quinceañera macarra, Ana, que, inexplicablemente escuchaba todo el día a los Hermanos Urquijo y a Pimpinela... Y en casa??? . Allí quedaba la benjamina, Sara, a la que aún le duraban los tirabuzones de la Primera Comunión, porque se decidió por común decreto de la ley del mayor, que no era tango bailable para una niña de siete años. Y la rizos, que estaba por alguna parte intentando escribir unos versos... O un relato. ¿O era intentando escaquearse del ágape que se dio en el salón, porque no creía que hubiese cosa alguna que celebrar y menos tomando canapés y cafés con hielo?. -Lola, quieres venir. La tía Victoria quiere darte un beso... -Pues yo quiero que ella se dé el piro. -Lola!!!! -Veo que vas a ser una señorita muy preparada, digna sucesora de tu padre... -Gracias por el honor que me haces. Yo veo que tú acabarás siendo una señora... nunca???. Yo ya no la escuchaba. A mi madre, tampoco. Mi hermana mayor, preñadísima, tenía el oído muy fino y de lengua andaba aún más suelta, motivo por el que en el barrio anterior de Carabanchel Alto, la llamaban lady cascabel, cuando cumplió los nueve años. La invitó a irse de manera elegante y dulce. Creo. Yo recuerdo poco más. Ahora que todos saben que la lengua sucia soy yo, quinta en el orden de hijos y especialmente enamorada, hasta el tuétano, del homenajeado, he de confesar que lloré, aunque lo confesaré más tarde. Quizá en un par de décadas. Algunos de esos mayores, que creen que lo saben todo, que sobreviven de la prepotencia que dan el carné de identidad y la ignorancia de un niño, me largó a comprar chucherías con un billete de cien pesetas, mi hermana pequeña y el sobrino de ojos grandes. Fuimos al frutos secos del señor Gaspar y compramos patatas con caldo de pepinillos, veinticinco pesetas de sugus y un pica-pica para cada uno. A la vuelta, yo me quedé en el parque con Helena, mi compañera de clase. Nunca me han gustado las reuniones de más de tres personas, generalmente adultas, que dicen nada aunque callen nunca. Ya en mi banco preferido del parque, sólo pensé en quien iba a defendernos cuando nos apedrearan, a la hora del recreo, porque no les gustaba nuestra apariencia de “desayuno”. “Míralas, la leche y el café... no, la leche y el cacao, mejor....” - ¿Qué haremos ahora, Lola?. Buena pregunta... ¡Qué coño¡. Ese tío que hay en la caja, acordándose de más de uno en arameo castizo, me dijo el día que me vino el período, tras explicarme el mecanismo de una compresa sin alas: “vamos, princesa, tú sé como tengas que ser, siempre que seas respetuosa contigo y con los demás. Y, por supuesto, jodidamente guapa y sonriente. Tienes madera de artista, así que consigue tu opera prima siendo feliz. Hazlo por mí”. Y me encanta el humor y el color negro, de modo que... - Vamos a crecer como manda el corazón, Helena. Mestizas. Y juntas.
Dana
LunesEn vista de que la semana no será todo lo prolifera que me gustaría, en cuanto a entradas en este blog y sintiéndome en deuda con todos los que tenéis el detalle de pasaros por aquí, os dejo otra de mis joyas mentales que no sé si acabarán en una consulta médica o en el palacio de Cenicienta...
Hace algunas semanas encontré un texto curioso en Internet (esa faceta es del todo indiscutible en el mundo cibernético). Hablaba sobre las cosas que un marido enamorado quería conservar tras una separación conyugal , al igual que las cosas que cedía a la pareja de manera totalmente consentida y convencida.
He intentado hacer un símil, no sé si basándome en el guión de mi vida, en el de los sentimientos que me embargan, en los que añoro, en los que no voy a confesar siquiera a mí misma, en mi cansancio físico, en mi capacidad de soñar o en ese toque de romanticismo que tanto nos gusta ocultar y que tanto deseamos poder mostrar, a la mínima ocasión.
Sea como fuere, este es mi resumen de lo que fue y de lo que quiero que sea este blog y, con él, la mayor parte de mi existencia.
Acabe cuando acabe esta relación contigo que me lees, que me miras, que me escuchas, que me sonríes o que me regañas... quiero conservar...
· La capacidad de emocionarme con una de tus frases. Con aquella foto en blanco y negro. Con tu comentario sobre mi mirada. Con que mi vello se siga erizando cada vez que me rozas con una de tus palabras. · El olor de tu perfume cuando pasas a mi lado. No importa que se te haya pasado dejar tu firma, no confundiría tu olor, siquiera literario... · La promesa de que el amor es para siempre, importa poco si acaba siendo cierto. · Los momentos que hemos pasado mirándonos, sin decir nada. O aquellos momentos en que no parábamos de hablar, sin ser capaces de mirarnos. · Las sonrisas. · Nuestra canción. Es imposible para mí dejar de tararear esas notas. De no reservarle un sitio especial en la banda sonora de mi vida. · Los gestos que haces cuando me miras a hurtadillas o tu manera de cruzar las piernas. No me hagas hablar de tu manera de plasmar lo que sientes, de explicar lo que sueñas... · Las ráfagas de viento que nos acompañaron en aquel paseo por el parque, o la lluvia que nos empapó aquel agosto extraño. · El sabor dulce de los halagos que me regalas. · La sensación emocionante de estirar mi mano, en la cama vacía, y creerme que estás allí, abrazándome, sin rozarme siquiera.
Sin embargo, hay cosas que no deseo conservar...
* Todo lo material que hayamos compartido, si es que existió alguna vez, ha pasado, desde hoy, a una subasta benéfica. * Todos los errores que cometí han pasado a ser motivo de dedicación por mi parte, con el único fin de rectificar. De aprender. * Todos los sueños que no hemos cumplido han vuelto a renacer, con la misma intensidad que esta primavera, con el necesario fin de querer ser cumplidos. * Todas las palabras que no te he dicho, que no os he dicho, para intentar describir cómo me haces, como me hacéis sentir, se quedan en una. Gracias. Porque, a veces, incluso las palabras es una de las cosas que no necesito conservar.
Dana... Con la mirada de una niña....
Vuelvo, sí. Sin más compañía que un lápiz, un papel y una sonrisa. Sin más pretensiones que escribir de lo que sea o de lo que sienta, seguir adelante y aprender. Sin más equipaje que mi mirada. A veces, mantener la mirada viva es tan difícil como que un alud de nieve atrape las playas brasileñas. Otras veces, en esa mirada se puede ver una orgía de vasos de agua y onzas de chocolate en una cloaca de Camboya... Algunas veces, cuando usas demasiado tiempo y energía para pensar, acaba sucediendo lo menos pensado. Otras veces, ocurre nada... Pero es diferente lo que ocurre en la mirada de un niño. El fondo siempre es azul, porque, aún no saben si nubes se escribe con v o con b. El iris siempre está limpio, porque sus párpados siempre están arriba, para mantener los ojos abiertos. Y las pestañas actúan de persiana que les cuida del sol que trae la alegría y de las nieblas que llegan con la tristeza. Los niños no huyen de ninguna de las dos, sólo están preparados para ambas. Y las miran de igual manera: con futuro. Para la mirada de un niño "el alto el fuego permanente" de banda terrorista, sobradamente conocida, no es más que una fiesta nueva, porque todos esos aburridos adultos que antes eran serios y extraños, ahora sonríen. Para los ojos de un niño, el estado actual de algunos clubes de fútbol españoles variará en el momento que ellos lleguen a ser el nuevo Rául, el siguiente Yeste, otro Ronaldhino. No ven el racismo o la xenofobia... ¿cuando van a hacerlo si Katia, Mohamed y Yao esperan a Pepe para un partidillo, al que ya llegan tarde?. Para la mirada de un niño, la izquierda o la derecha, no es más que una estupidez de mayores, teniendo en cuenta que la línea recta siempre tiene un buen destino.
Hay mañanas de lunes, en Madrid, que piden a gritos que algo varíe frente al espejo. Maquillaje, tacones, el traje-chaqueta bien colocado, el abono transporte a mano y... "... saturación de gente en el tren y el metro; los buenos días del jefe insensible; el precio del café frente al Bernabéu; el chorreo de llamadas en la oficina; el stress de encontrar sitio libre para comer; la saturación de las líneas de Internet; el cliente indeciso; la hora de vuelta a casa, con la saturación debida de gente en el metro y el tren; la necesidad de preparar la cena y la comida para mañana y las camisas del martes y del miércoles y la depilación de las cejas y los recibos en el correo y el coche en el taller y las enfermedades de mamá y los pagos mensuales y la lavadora que se rompe en momento inoportuno... Y, especialmente, ... los sueños que se rompen por falta de descanso, los deseos que se apagan por falta de luz, los logros que se demoran por falta de esperanza... ¿Qué es realmente lo que le falta a mi espejo?.
Siempre estuve firmemente convencida de que los valores, los deseos, los anhelos se llevan pintados en la mirada. Y que la sonrisa no es más que una muestra visible de que has tocado la felicidad siquiera haya sido de forma meteórica. La mirada es como una mochila donde llevas el equipaje de la vida: recuerdos, memoria, sueños, amigos y tanto más. Y, a la vez, es una sucursal del corazón, con servicio público de enseñar el producto interno: rabia, sonrisas, amor, desolación, brillo y tanto más. A veces me pregunto si la felicidad no consistirá en conseguir que la mirada se mantenga como la de un niño, con toda una vida por delante. Nada de maquillaje, es posible que siquiera dudas, miedo cero, si acaso, todo lo más, esperanza, fe, paz, curiosidad, ganas de vivir... Hoy vuelvo. Y voy a esforzarme al máximo para aprobar la asignatura que me devuelva mi mirada de niña. Y que el espejo de lunes me devuelva un guiño de complicidad...
Gracias por dejarme volver.
Dana...
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